9 de noviembre 2000 - 00:00

La noche en que Bush pasó de la euforia a la ira

Austin - Los murciélagos y los cuervos revolotearon toda lanoche sobre la mansión del gobernador de Texas George W. Bush, comoqueriendo transmitirle sus malas vibraciones.

El café de la mañanaestaba ya amargo a esas horas, y el aguacero intermitente había humedecido losánimos de las huestes republicanas, que huyeron en desbandada a las tres de lamadrugada. Mañana será otro día...

Engañado por latelevisión, proclamado vencedor anticipado hasta que Florida volvió a estar enel aire por un puñado de votos, el Bush de andar por casa, con el cafecito dela mañana tuvo que tragar murciélagos y cuervos antes de irse a la cama, a las3.30 de la madrugada. «Despiértenme cuando sea presidente», le habría gustadodecir. Cuando abrió los ojos, el sol seguía sin despuntar en Austin y losoperarios habían empezado a desmontar ya el escenario de la fiesta que no fue.

El republicano pasó todala mañana enclaustrado con su familia, enganchado cada dos por tres al teléfonoy en contacto directo con su hermano, el gobernador Jeb, que tuvo quepartir hacia Florida para seguir el recuento de votos.

«Si mi hermano no meayuda a ganar Florida, me temo que vamos a tener una cena muy fría el Día deAcción de Gracias», se atrevió a bromear la noche anterior George W. Bush.

Cena interrumpida

La sonrisa se le borró dela cara en cuanto la CNN, primera bufonada de la noche, atribuyó prematuramentea Gore los 25 electores de Florida. La noticia cayó como el plomo sobre la mesaen la que cenaba la familia Bush, en el hotel Four Seasons. Sin esperar a lospostres, «W» dio por concluido el cónclave y anunció que se marchaba a sumansión, «a seguir los resultados en un ambiente más íntimo y relajado».

Según una emisora deAustin, Bush perdió los estribos y responsabilizó a su hermano por la pérdidade Florida. Jeb se quedó en el hotel, y «W» se llevó a su esposa y a suspadres.

«No hemos estadolevantados hasta tan tarde en muchos años», musitó la abuela Barbara ala prensa. «Estoy nervioso», interrumpió el ex presidente George Bush.«Nervioso y orgulloso por ver hasta dónde ha sido capaz de llegar mi hijo.»

Excitante

«¿Preocupado?», lepreguntaron directamente al candidato. «En absoluto. Me siento optimista...Está siendo más largo de lo que esperaba, pero es excitante. Mucha gente havotado, y eso es bueno para América.»

Bush intentó mantener lacompostura, aunque la tensión le salía por los poros. Hubo un fugaz momento dejúbilo, cuando las grandes cadenas de televisión lo proclamaron vencedor a esode la 1.20 de la madrugada. La lluvia remitió, aunque no el frío, y laalgarabía estalló repentinamente entre los más de 10.000 congregados a esashoras a los pies del Capitolio de Austin.

Jimmy Vaughin, rockero local, y la mujer diez, Bo Derek,acababan de pasar por el escenario. En los parlantes se escuchaba a RickyMartin, entonando «La copa de la vida».

Pero algo decía que elvendaval triunfalista no duraría. El presagio de los cuervos, inquietísimosdurante toda la noche. Y de nuevo el aguacero: todos a sus casas, tandescontentos.