27 de noviembre 2008 - 00:00

Se ganó un lugar entre los más privilegiados

Se ganó un lugar entre los más privilegiados
La sensación que uno se lleva de regreso a casa después de visitar Puerto Iguazú es la de haber estado en un lugar majestuoso. Más allá de la espesura de la selva misionera, sus ríos y su tierra colorada. Más allá de esa multitudinaria fauna salvaje, el espectáculo en sí mismo de las Cataratas permite reconstruir las imágenes de los cuentos, impregnados de misterios y la amenaza latente de la selva, cuya violencia y belleza conquistaron a Horacio Quiroga.
Es indudable que desde que la región fue declarada Patrimonio de la Humanidad ha tenido un desarrollo sostenido. En este tiempo se crearon nuevos hoteles, hosterías y cabañas que reciben a turistas de todo el mundo y de distinto poder adquisitivo. Al mismo tiempo, los habitantes de esta pequeña urbe se han especializado en ofrecer al viajero una importante red de servicios, al nivel de los grandes centros urbanos receptores de turismo.

Santuario natural

Para preservar a las Cataratas y a la selva subtropical que las rodea se crearon dos parques nacionales: el Iguazú, en la Argentina, y el Parque Nacional do Iguaçu, en Brasil.
Desde 2001 un nuevo concepto de turismo ecológico se implementó dentro del Parque Nacional Iguazú, brindando un equipamiento de servicios acorde con las demandas del turismo internacional y al mismo tiempo priorizando el cuidado y conservación de este Patrimonio Natural de la Humanidad, basándose en el programa «Naturaleza sin barreras», que tiene como objetivo principal suprimir las barreras arquitectónicas y posibilitar el fácil desplazamiento de personas con capacidades diferentes dentro del parque. Los visitantes pueden disfrutar de pasarelas que recorren los saltos en los circuitos inferior, superior y Garganta del Diablo, así como también del Tren Ecológico, impulsado a gas. Seis amplios miradores y lugares de descanso convierten al paseo en una fuente de energía y relax al contacto con el agua.
Para acceder al parque el visitante debe abonar el ingreso, que incluye el Centro de Visitantes, visita al Centro de Interpretación de la Naturaleza, acceso a los diferentes circuitos y la utilización del Tren Ecológico.
El Parque Nacional Iguazú requiere de al menos 8 horas para ser recorrido en su totalidad. Cuenta con un área comercial con restoranes, heladería, teléfonos públicos e Internet, cajero automático, librería, artesanías y merchandising del parque. Una experiencia magnífica es disfrutar de cócteles o servicios gastronómicos en diversos sectores, como en el mirador frente al salto Dos Hermanas.

Cuenta la leyenda...

Según cuenta la leyenda, hace muchos años un joven guaraní raptó a una hermosa doncella que iba a ser sacrificada en honor de una serpiente que vivía en las profundidades del río Iguazú. Esta, al enterarse de la ofensa, dejó deslizar su ira sobre su lomo, y al encorvarlo, partió el curso del río, atrapó a los jóvenes amantes y dio origen a las Cataratas del Iguazú.
El río Iguazú tiene un camino total de 1.320 km hasta su desembocadura en el Paraná; en su recorrido, islas e islotes fragmentan al río en numerosos brazos. Al llegar al barranco, cada uno de ellos da lugar a un salto, cuyo conjunto constituye el gran abanico que son las Cataratas, imponentes caídas de agua mencionadas desde el siglo XVII en los mapas y escritos de los jesuitas.
La Garganta del Diablo, de 80 metros de altura, se encuentra en el curso principal del río. Según el caudal que éste posea se pueden admirar entre 160 y 260 saltos, alrededor de unos 1.500 metros cúbicos de agua por segundo. La violencia de la caída produce una niebla permanente, en la cual los rayos solares conforman múltiples arcoiris de insuperable belleza.

Actividades y atractivos

Esta región brinda múltiples alternativas para entretenerse. Es posible encontrar actividades con diversos niveles de riesgo, pero todos los viajeros pueden disfrutar de los paseos al aire libre, como caminatas, trekking, cabalgatas, paseos en vehículos 4x4 o en gomones sobre el río.
Entre los principales retos para los amantes del turismo de aventura es posible practicar rappelling, canoping o tirolesa. Sólo hace falta subir casi 20 metros por una escalera colgante de soga hacia una plataforma para luego abrir los brazos y viajar 80 metros de selva como un pájaro. Asistidos por un equipo de expertos, la empresa Iguazú Forest ofrece una combinación de actividades que abarcan desde el deporte de aventura hasta safaris ecológicos y culturales.
Entre las experiencias náuticas, «La gran aventura» permite sentir el desafío de navegar por debajo de los saltos. La travesía, en gomones semirrígidos de la empresa Iguazú Jungle Explorer, tiene 1 hora de duración y comienza en el puerto frente a la isla San Martín, para luego de unos pocos minutos acceder hasta los mismos saltos argentinos, al cañón de la Garganta y a los saltos brasileños. Allí, el viajero participa del famoso «Bautismo de las Cataratas», donde los turistas hacen una travesía por los cursos de agua interactuando con los saltos. Luego se continúa navegando 8 km río abajo por el curso inferior del Iguazú hasta Puerto Macuco. De allí se sigue con una caminata por senderos de la selva en donde vehículos todo terreno esperan para recorrer el sendero Yacaratia.
Con salidas desde el hotel, la empresa de turismo Cuenca del Plata ofrece un paseo turístico por un emprendimiento agroecológico y por el corazón de una comunidad guaraní. La aripuca es una construcción con el diseño de una trampa ancestral que los guaraníes utilizaban para cazar animales, duplicada a escala monumental, utilizando para eso troncos de centenarios árboles autóctonos. El predio cuenta además con sitios como el Tacurú y el Yate-I, donde están las famosas piedras semipreciosas de la región y artesanos trabajando en cestería. Es posible degustar sabores típicos misioneros, como los helados de yerba mate o rosella. Es un emprendimiento de agroecoturismo familiar destinado a exponer ejemplares recuperados, crear conciencia e iniciar acciones para preservar y promover el cuidado del medio ambiente.
Por otra parte, el Fortín Mbororé ofrece una oportunidad única de entrar en contacto con una cultura ancestral, los m'bya guaraníes, que abren las puertas de su comunidad para revelar los secretos de la selva, su medicina natural, su cultura, cantos, danzas, artesanías, filosofía de vida y creencias. Un paseo donde se aprende a caminar por el interior de la selva guiados por expertos aborígenes.
Los guías son nativos, que diseñaron un itinerario que conduce por la selva conociendo sus trampas de caza, plantas medicinales, artesanías y su música coral. Luego de la caída del sol, el programa «Ara Pora» introduce al visitante en alguno de sus rituales sagrados. Un gran porcentaje del precio que el turista paga está destinado a la comunidad para fines sociales, en particular para atención médica. Es una experiencia insuperable en el corazón de una las comunidades guaraníes más grandes de Misiones.

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