El invierno deja de ser invierno cuando se está allí de vacaciones. Y Rio de Janeiro es inevitablemente el destino más fácil de decidir. Tiene ciudad y tiene playas, lugares populosos y zonas selectivas, islas a la vista y un bosque en medio de la ciudad, la feijoada y el Maracaná, Copacabana y la Barra de Tijuca, los shopping y la Floresta.
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En Brasil siempre se pueden planear otros caminos con más ciudad o con más playa, con más diversión o más tranquilidad. Si, además, se quiere ir a hacer negocios en San Pablo, por ejemplo, uno tiene un amplísimo menú de arte, cultura y moda. Es mezclarse en la inmensa metrópolis -agenda en mano- para poder presenciar las obras de teatro y las películas.
Playa amada por Brigitte Bardot
Pero si la decisión es volver a gozar de las playas de aguas verdes y de la arena clarísima, siempre están las inolvidables de Buzios, esa aldea de pescadores que terminó de hacerse mundialmente famosa cuando, en 1964, Brigitte Bardot, la eligió como lugar de descanso. Ella dijo que era «de voluntario exilio» y, encima, a partir de entonces no dejó de repetir que allí pasó «los días más felices» de su vida. Luego de tamaña declaración de la actriz, Buzios pasó a ser uno de los lugares de descanso del jet set internacional. El problema en Buzios es -salvo que uno se decida a ir a la más cercana- si va a Praia de Joao Fernandes o a Praia do Canto, a Praia das Caravelas o a Praia Olho de Boi, a Praia da Ferradura o a Praia dos Amores, o a otra que se tiene casi como propia, secreta, personal.
Con un norte diferente
Claro, siempre queda la posibilidad de descubrir otro Brasil en Rio Grande do Norte, las playas de Natal en un parque ecológico de más de 1.800 hectáreas, y detenerse en Redinha, un pueblo de pescadores, a comer pescado recién sacado de las aguas (el menú tiene múltiples tentaciones, habrá quien prefiera langosta, por ejemplo) acompañándolo por una cerveza artesanal. Estando allí, conviene tomarse un auto y estar en una hora frente al imperdible encanto playero de Pipa, en Tibau do Sul.
Otro camino lleva a pasar por la siempre bellísima Bahía y hacer un pequeño homenaje al gran Jorge Amado, recordando a Doña Flor con sus dos maridos, y a esa Gabriela que por siempre tendrá en la memoria sabor a clavo y canela, y seguir rumbo al Norte, al estado de Alagoas, para hacer la experiencia de las tan mentadas playas de Maceió, lugar que suele definirse como «el paraíso de las aguas», porque tiene piletas naturales en pleno mar, donde es posible bañarse y distenderse sin tener que luchar con la marejada. Pero Alagoas no sólo tiene mar, también tiene lagunas y río, y «gustosos» menús.
Se puede ir también más lejos aún, a guardar postales en el fondo de los ojos de un increíble paisaje de médanos y lagos, que se ha convertido en centro de atracción internacional, en los Lancois Maranhoenses.
En fin, las posibilidades se convierten en infinitas cuando se piensa en vacacionar en Brasil. Le proponemos conocer algunos de esos destinos en forma más amplia.
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