Las aseguradoras tienen un problema que ya no pueden resolver únicamente aumentando las primas. Los eventos climáticos son cada vez más frecuentes, los siniestros cuestan más, la inflación presiona sobre las indemnizaciones y los clientes exigen respuestas inmediatas. En ese escenario, la inteligencia artificial (IA) empieza a convertirse en una herramienta para cambiar la economía del negocio y no solo para automatizar tareas.
Las aseguradoras apuestan a la inteligencia artificial para vender más y bajar costos
Reducir costos, vender más pólizas y agilizar la gestión de siniestros. Esas son algunas de las ventajas que promete la inteligencia artificial para un sector que busca ganar eficiencia y recuperar rentabilidad.
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La volatilidad climática, la inflación en el costo de los siniestros, la mayor complejidad operativa y un mercado cada vez más competitivo están obligando a las compañías a revisar su modelo de negocios.
Esa es la principal conclusión de un informe elaborado por Boston Consulting Group (BCG), que sostiene que las compañías que coloquen a la inteligencia artificial en el centro de sus operaciones podrán reducir alrededor de 20% sus costos operativos y aumentar entre 3% y 5% el volumen de primas emitidas, gracias a mejoras en productividad, decisiones de riesgo más precisas y una mayor capacidad comercial.
La consultora advierte que el sector atraviesa un cambio profundo. La volatilidad climática, la inflación en el costo de los siniestros, la mayor complejidad operativa y un mercado cada vez más competitivo están obligando a las compañías a revisar su modelo de negocios. Para BCG, la IA dejó de ser una tecnología para ganar eficiencia y pasó a convertirse en un factor de competitividad.
La diferencia ya no está en usar IA, sino en reorganizar el negocio
El informe plantea que el verdadero salto no pasa por incorporar asistentes virtuales o automatizar procesos aislados. La ventaja competitiva estará en las aseguradoras que rediseñen toda su operación alrededor de la inteligencia artificial, un modelo que BCG denomina "AI-first".
En defintiva, la IA deja de ser un apoyo para determinadas tareas y pasa a convertirse en el eje del funcionamiento de la compañía. Los sistemas inteligentes coordinan gran parte de los procesos de principio a fin, mientras que las personas intervienen cuando hace falta experiencia, criterio o supervisión para resolver casos complejos.
Según BCG, muchas compañías todavía siguen desarrollando pruebas piloto o soluciones independientes que generan mejoras puntuales, pero no modifican el funcionamiento del negocio. De hecho, solo el 38% de las aseguradoras afirma haber logrado escalar el uso de la IA en sus procesos centrales.
En la práctica, ese cambio impacta sobre tres áreas clave del negocio.
En suscripción de riesgos, la IA puede recibir documentación, validar datos, clasificar solicitudes, analizar escenarios de precios y preparar la emisión de pólizas prácticamente en tiempo real. Los suscriptores pasan a concentrarse en los casos complejos o fuera de los parámetros habituales. BCG estima que este cambio permitiría reducir entre 15% y 20% los costos de underwriting.
En gestión de siniestros, los agentes inteligentes podrían recibir denuncias, analizar imágenes y documentación, detectar inconsistencias, estimar daños, coordinar peritajes y preparar propuestas de indemnización, mientras que los especialistas intervendrían únicamente cuando aparezcan conflictos, fraudes o casos de alta complejidad. El ahorro potencial en este segmento alcanza entre 20% y 30% de los costos asociados a la administración de siniestros.
También cambiaría la distribución de seguros. La IA permitiría cotizar más rápido, mejorar la conversión de presupuestos en pólizas, identificar clientes con riesgo de baja y ofrecer coberturas más personalizadas, aumentando tanto las ventas como la fidelización.
El mayor desafío está puertas adentro
Para BCG, el principal obstáculo ya no es desarrollar mejores algoritmos sino transformar la organización. El informe sostiene que apenas el 10% del éxito de una estrategia de inteligencia artificial depende de la tecnología. El resto está relacionado con la calidad de los datos, el rediseño de procesos, la capacitación de los equipos y la creación de un modelo de gobierno que permita utilizar la IA de forma segura y responsable.
La consultora recomienda que las aseguradoras definan una estrategia integral, construyan una base de datos unificada, incorporen mecanismos de control para las decisiones automatizadas y preparen a sus equipos para trabajar junto a agentes inteligentes. El objetivo no es reemplazar a las personas, sino liberar tiempo de las tareas repetitivas para que puedan concentrarse en la evaluación de riesgos, la atención de clientes y las decisiones de mayor valor agregado.
Aunque el estudio fue elaborado para el mercado global de seguros patrimoniales, el mensaje alcanza también a las compañías argentinas. En un negocio donde la rentabilidad está cada vez más presionada y la velocidad de respuesta se volvió un diferencial competitivo, la inteligencia artificial aparece como una herramienta para ganar eficiencia, mejorar la experiencia del asegurado y sostener el crecimiento sin aumentar la estructura operativa.
La conclusión de BCG es que la ventana para tomar la delantera se está achicando. Las aseguradoras que logren transformar sus procesos antes que el resto no solo reducirán costos, sino que también estarán en mejores condiciones para captar nuevos clientes y crecer en un mercado que empieza a redefinirse alrededor de la inteligencia artificial.

