Una semana que resultó simplemente impresionante. No sólo porque se marcó la mayor suba en la historia del mercado tecnológico cuando el miércoles luego de la reducción sorpresiva de la tasa de Fed Funds y la de descuento en medio punto (por un error o apuro, la operación se desdobló en dos jornadas), el NASDAQ ganando 14,2% registró la mayor suba en su historia, sino porque apenas 24 horas antes se había anotado la séptima mayor caída del índice cuando el martes se desplomó 7,23% y en 48 horas después, el viernes, luego de derrumbarse 6,2% registró la undécima mayor baja. Es así que el saldo para el mercado electrónico lo decidió en gran medida lo acontecido el jueves cuando el NASDAQ perdió 1,91% llevando a un retroceso para la primera semana del año de 2,53%. Con oscilaciones mucho más acotadas (ninguna estuvo siquiera entre las top 20) el Promedio Industrial retrocedió 1,17%, golpeado por la rueda del viernes cuando luego de bajar 2,29% quedó en 10.662,01 puntos. Haciendo caso omiso a las brutales variaciones de los papeles tecnológicos (podríamos decir que fue todo fruto de sobrerreacciones del mercado o movimientos de "euforia y depresión irracional", y considerando sólo el resultado semanal, los números no muestran nada particularmente grave ni muy distinto a lo que hemos estado viendo a lo largo de los últimos meses, salvo que a partir de ahora ha quedado un gran herido en el camino: Alan Greenspan. Jugándose como nunca antes en su gestión de más de una década, el máximo banquero del mundo disparó sobre el mercado con toda la máxima munición posible, tratando según algunos de reavivar la economía, según otros de salvar al NASDAQ, asentar su posición dominante en la economía, etc. Por unas horas pareció que parte del mercado respondía a los deseos del presidente de la Reserva Federal, pero el viernes quedó demostrado que como unos años atrás el mercado le hiciera caso omiso a las amenazas de la "exuberancia irracional", ahora volvía a dejar mal parado al venerable economista. En esta pelea no importan demasiado ni los motivos puntuales de las bajas ni los de las subas, sólo el nombre del ganador, y la historia (algo que Greenspan sabe y ha comprobado innumerables veces) dice que es el mercado. La buena noticia es que el viernes los volúmenes volvieron a niveles más normales, demostrando que todo lo ocurrido fue simplemente un sueño o una pesadilla, dependiendo de en qué punta se supo estar. Ojalá que no se repitan muchas semanas como la que acaba de termiar.
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