Política

Serio: campaña sigue sin rumbo a pesar del resultado cantado

La crisis modela discursos más allá de lo comprensible. Propuestas de Macri con tres años de demora. Alberto Fernández: idas, vueltas y los abrazos de oso.

La crisis abraza la campaña presidencial y la tuerce hacia rumbos demasiado peligrosos para el escenario que deberá enfrentar desde diciembre, sea quien sea el que gane. No está demasiado claro por ahora cuales son las estrategias reales de cada candidato. Es cierto que la tormenta los obliga a ser pragmáticos al extremo y también lo es que nadie dice en campaña lo que efectivamente haría de llegar al poder a riesgo de perder votantes, pero las idas y vueltas y los aprietes suman contradicciones que pocas veces fueron registradas.

Los números sentencian que Mauricio Macri está más lejos de renovar que Alberto Fernández de llegar a la presidencia. Esa verdad que desnudó la PASO y que el Presidente busca revertir en su gira del “Sí, se puede” con una medida nueva cada día, aporta distorsiones y ruidos a Juntos por el Cambio. No hay dudas sobre el rol duro que le habilitaron a Patricia Bullrich y Miguel Pichetto en la campaña; creen en la Casa Rosada que ellos retienen el voto de derecha de la mano de la seguridad y el control del inmigrantes como propuestas. Es quizás otro error de diagnóstico: Bullrich y Pichetto hoy son más escuchados pro la clase media que votó a Macri en el 2015 que por otros sectores. De hecho Pichetto reconoce en la intimidad que él puede hablarle al votante macrista mucho mejor que el propio Presidente.

Ese juego es aceptado por Elisa Carrió y los radicales. Estos últimos callan algunas quejas ahora porque no les queda otra opción. Por ejemplo, el pronunciamiento de Macri en medio de la campaña a favor de los pañuelos celestes. Nadie habla de aborto en medio de una campaña electoral, salvo que reine la desesperación. Muchos alegan, entonces, que esa estrategia fue demasiado arriesgada como para no resultar una foto obvia de la desesperación.

Las propuestas económicas que Juntos para el Cambio esta lanzando en campaña tienen rasgos de razonabilidad importantes, a pesar de cargar con el peso de lo que paso en el Gobierno en esa materia en los últimos dos años. Sobre todo cuando habla de bajar impuestos a las pymes, apuntalar la educación o abrir la economía. El problema son y fueron los tiempos; es lo que el votante esperaba de Macri en diciembre de 2015, no ahora.

Lo mismo sucede con los planes sociales. Un tuit anónimo de estos días deja en evidencia el sentimiento quirúrgico del votante macrista de origen: “Mauricio hubiera ganado caminando si no hubiera malgastado la plata de la clase media en planes sociales”. Durísima sentencia que tiene un correlato directo en cruce que se generó en estos días entre Carolina Stanley, Pichetto y Bullrich cuando se propuso anunciar como medida de campaña que los planes sociales solo brindarían asistencia por un año a cada beneficiario. Es decir, un intento responder a esa presión de la clase media que paga impuestos contra el estado subsidiador que el gobierno de Macri no solo no combatió, sino que aumento. De hecho el equipo de Stanley, con venia de Marcos Peña, desmintió ayer desde Posadas que se analizará ese recorte.

Si Macri tiene serios problemas con su estrategia, Alberto F., que además corre con el peso de estar más cerca de alcanzar la presidencia, también pasa de un dolor de cabeza al otro.

Hace semanas el candidato del Frente de Todos pudo mostrar una mesa civilizada donde sentó a la Unión Industrial y la CGT. Después de ese encuentro Miguel Acevedo salió a pedir una reforma laboral, tema casi imprescindible en la agenda casi todos los economistas argentinos y que el propio Alberto F., (es cierto que sin precisar por que caminos) también planteó como necesario. Al día siguiente la CGT comenzó a protestar y tuvo que salir Matías Kulfas (para algunos en más cercano a sentarse en Economía) a proclamar que “Argentina no necesita ninguna reforma laboral”. Son cuestiones de equilibrio obvio en campaña, pero esos mensajes igual quedan escritos.

La dura pelea que Alberto F., tendrá con la deuda y la discusión sobre como ablandar los vencimientos que caen en los próximos dos años (máximo disparador de la desconfianza del mundo sobre la economía argentina) van a condicionar los primeros meses de su mandato, Pero es cierto también que las conversaciones con los fondos y bancos ya se están dando y que las propuestas de alargar plazos comenzaron a llegarle al candidato presidencial. Curiosamente, quizás ese no termine siendo el frente más incendiario. No sería a primera vez que el mercado cierre una operación de ese tipo con la Argentina.

Para seguir diagnosticando problemas habría que mirar al campo y no solo por las protestas de ese sector, sino por como viene la siempre con la seca que esta volviendo a preocupar a muchos; recomiendan rezar para que el agua llegue bien entre octubre y principios de noviembre, porque en diciembre podría ser demasiado tarde.

Las organizaciones sociales tampoco ayudan: Juan Grabois le pronostico ayer a Alberto F. una luna de miel de 100 días y le avisó que despues de eso volverán a protestar a la calle. Otros movimientos sociales como los que tomaron la avenida 9 de Julio el pasado 13 de septiembre extorsionan a Macri y Alberto y eso no es novedad porque su negocio es pasar por la ventanilla de Desarrollo Social, como lo dijeron a los medios sin demasiado empacho. Pero la estrategia de Grabois suena también a extorsiva y con el agravante que parte de adentro mismo del kirchnerismo, aunque el amigo del papa Francisco niegue que su relación con Cristina de Kirchner sea tan cercana.

Ayer Aníbal Fernández también podría haber moderado su verborragia y claramente no lo quiso hacerlo; esta vez no fue para evitar complicar al candidato a presidente del peronismo sino a Axel Kicillof. “Yo hubiera sido un gobernador como va a ser Kicillof”, se divirtió, otra vuelta más de esta campaña que ya entró en el terreno de lo incomprensible.

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