Hay que enseñarles a los niños a verificar la información.
La inteligencia artificial se convirtió en una herramienta de uso cotidiano, que va desde la educación hasta el entretenimiento. Teniendo esto en cuenta, el impacto que tiene en los más chicos abre un nuevo debate: cómo acompañar su uso y transformarlo en una experiencia activa.
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La IA también puede ser un aliado y una gran herramienta educativa. Si es usada de una manera adecuada, puede permitir que los niños accedan a información y también desarrollen habilidades como pensamiento crítico, la creatividad y la autonomía. Sin embargo, el verdadero desafío está en el rol que tienen que tomar los adultos, ya que deben guiar ese aprendizaje para evitar que los contenidos generados se vuelvan verdades incuestionables para ellos.
El desafío de las "Fake News" generadas por IA: ¿están preparados nuestros hijos?
Uno de los principales riesgos es la gran cantidad de noticias falsas o contenidos engañosos que circulan en las redes sociales o incluso en los medios de comunicación. Actualmente, es muy difícil poder identificar si una imagen o video está hecho con inteligencia artificial, especialmente para los más chicos.
Las herramientas actuales son capaces de generar textos, imágenes y videos, llegando al punto de poder recrear con exactitud la voz de otra persona. Por esto mismo los chicos pueden enfrentarse a información errónea sin tener las herramientas necesarias para poder cuestionarla. Por eso, el acompañamiento de padres y docentes se vuelve clave. No se trata de limitar el acceso, sino de enseñar a discernir lo que se consume.
Una estrategia muy útil es transformar cada interacción en una oportunidad de aprendizaje. Cuando un niño realiza una pregunta, la misma puede sir con un cuestionamiento, como por ejemplo: ¿esa respuesta es la única posible?, ¿podría haber otra respuesta?, ¿de dónde viene esa información? Esto lo que hace es ayudar a construir una mirada más crítica.
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Cómo explicarle a un niño qué es un algoritmo y por qué puede estar sesgado
Una manera de explicarles en términos simples qué es un algoritmo es: se trata una serie de instrucciones que una máquina sigue para dar un resultado.
La clave está en entender que esos resultados no son neutrales. Los algoritmos tienen datos, y esos datos pueden tener errores, limitaciones o incluso sesgos. Esto implica que la información que recibe el usuario no siempre está completa, ni es objetiva. Les podemos decir que una herramienta responde en función de lo que “aprendió” y no siempre se le dio la información completa.
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La técnica de la "doble fuente": enseñando a investigar más allá de la primera respuesta
Una de las herramientas más efectivas es la “doble fuente”. Este método consiste en comparar la información obtenida a través de la inteligencia artificial con otras fuentes disponibles.
Este recurso puede convertirse en un hábito sencillo, pero muy importante. Ante una respuesta de la IA, el niño puede buscar confirmación en otro lugar, ya sea un libro, página web o preguntarle a un adulto. El objetivo es entender que una sola fuente no siempre es suficiente.
Riesgos éticos: lo que los padres deben saber sobre el contenido generado automáticamente
El uso de inteligencia artificial también tiene riesgos. Muchas veces los contenidos generados automáticamente pueden parecer correctos, pero tener errores, ya sea información incompleta o una mirada sesgada.
Los niños tienden a confiar en lo que leen o ven sin cuestionarlo. Por eso, el rol de los adultos es clave, no se trata solo de supervisar, sino de enseñar que no todo lo que dice una herramienta digital es cierto. Además existe el riesgo de que los chicos se acostumbren a aceptar respuestas automáticas sin pensar por sí mismos. Para evitarlo es sumamente importante fomentar el hábito de preguntar, dudar y buscar otras opiniones.
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