3 de mayo 2010 - 00:07

La fiebre mundialista por nuevas TVs provocará una "explosión de basura electrónica" en el país

Greenpeace pidió un marco legal para la basura electrónica.
Greenpeace pidió un marco legal para la basura electrónica.
El boom de los últimos años en las ventas de televisores "delgados" ha condenado a una muerte lenta a sus viejos antecesores de rayos catódicos. Las TV de tubo se resisten a desaparecer y presentan un problema para la salud pública al generar miles de toneladas anuales de basura electrónica que no es tratada en el país.

Ante esta situación, la organización ambientalista Greenpeace alertó por el peligro actual y el latente de esta situación: "Por el volumen y velocidad de recambio, el televisor se ha convertido en uno de los principales equipos que engrosarán las crecientes cantidades de residuos electrónicos generados en nuestro país", señaló a ámbito.com Yanina Rullo, integrante de la Campaña de Residuos Electrónicos de la ONG.

En los últimos cinco años la popularización de los LCD y los plasmas generaron un masivo recambio de los voluminosos aparatos viejos. Ahora el impulso extra del Mundial de fútbol acentuó el traslado a la nueva tecnología. Si bien los nuevos modelos son recomendables en varios aspectos como ahorro energético y menor volumen tienen como contrapartida que el desplazamiento de los viejos equipos que son descartados sin ningún tipo de proceso de reciclado.

También se suma la aparición de los modelos LED (ultradelgados), los 3D (una tecnología próxima a desembarcar), y los dispositivos HD necesarios para captar señal digital. En cuanto a esto último, se estima que el apagón analógico en Argentina será entre 2015 y 2020, lo que dejará obsoletas las TV que no sean compatibles (más allá de las que usen conversores, que no aprovechan los beneficios de la señal digital).

Entonces, en el largo plazo el gran recambio será de equipos analógicos a digitales y es aquí donde se generará mayor chatarra electrónica. Desde hace unos meses también existe un boom de compras de televisores, en especial de las pantallas más grandes, por los partidos de Sudáfrica 2010. El Mundial históricamente funciona como un aliciente para los consumidores y este año se estiman ventas entre 2,1 y 2,5 millones sumando los distintos tipos de equipos.

• A la basura

Según un informe de la consultora Prince & Cooke, desde 2005 se vendieron en el país 11 millones de televisores y se proyecta que en los próximos 4 años ese número se eleve a 20 millones. Se estima que al final de ese período (2005-2014) habrá 10 millones de televisores "desplazados"(Ver también gráfico de ABECEB.com). La cifra indica tanto los equipos tirados a la basura como los desensamblados en el mercado informal -algo peligrosamente tóxico- para la reventa de algunos de sus componentes, y se tratará en su mayoría de aparatos de tubo.

Rullo explicó que tanto los televisores como otros aparatos electrónicos acaban en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto y que los desechos de estos equipos tienen componentes altamente nocivos como plomo, mercurio, PVC y otros -varios de ellos cancerígenos- que contaminan el suelo y el agua.

Por eso la organización ecologista reclama un marco legal, básicamente que "exista una infraestructura que permita tratar con estos residuos". Destacan que las normativas de otros países, como los integrantes de la Comunidad Europea, obligan a las empresas a hacerse responsable de los aparatos electrónicos desde la fabricación hasta su reciclado. De esta manera al fabricante le conviene usar materiales más inocuos con el medioambiente para que le sea más barato reciclarlo.

Desde Greenpeace buscan la aprobación de una ley nacional para gestionar estos residuos que establezca la Responsabilidad Individual del Productor. Esto implicaría que los fabricantes sean responsables legales y financieros del ciclo de vida completo de sus propios productos. Así lo establece un proyecto de ley que el diputado Daniel Filmus presentó en 2008 y que, al haber expirado, volvió a presentar hace unas semanas. Es de esperar que esta iniciativa, u otra similar, lleguen antes de que el recambio -y el daño- se haya hecho.

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