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23 de mayo 2026 - 14:00

Starlink y la contaminación espacial: por qué científicos alertan sobre el impacto ambiental de los satélites

Investigaciones recientes alertan por el crecimiento de residuos atmosféricos vinculados a megaconstelaciones satelitales.

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El despliegue masivo de satélites genera preocupación en científicos por sus efectos sobre el clima y la astronomía.

El crecimiento acelerado de las megaconstelaciones satelitales volvió a encender alarmas dentro de la comunidad científica internacional. El aumento de lanzamientos espaciales y la desintegración constante de satélites en la atmósfera podrían generar efectos ambientales y astronómicos cada vez más relevantes. En el centro de la discusión aparece Starlink, el sistema de internet satelital desarrollado por SpaceX, que ya cuenta con miles de satélites operativos alrededor de la Tierra.

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Según análisis recientes, las emisiones asociadas a lanzamientos y reingresos atmosféricos podrían representar cerca del 40% de la contaminación espacial hacia finales de la década si continúa el ritmo actual de expansión orbital. Científicos especializados en química atmosférica y observación astronómica sostienen que el fenómeno ya comenzó a tener efectos medibles sobre la atmósfera superior.

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Por qué preocupa el crecimiento de Starlink

Starlink nació con el objetivo de ofrecer internet satelital de alta velocidad en todo el mundo mediante miles de satélites ubicados en órbita baja terrestre. El sistema se expandió rápidamente durante los últimos años y actualmente opera una de las mayores redes satelitales privadas jamás desplegadas.

El crecimiento del proyecto modificó completamente el escenario orbital. Expertos señalan que hoy existen más de 15.000 satélites activos alrededor de la Tierra, una cifra que triplica la registrada apenas unos años atrás. Gran parte de ese aumento corresponde justamente a las megaconstelaciones impulsadas por empresas privadas.

La preocupación científica aparece porque muchos de estos satélites tienen vidas útiles relativamente cortas. Una vez fuera de servicio, son dirigidos nuevamente hacia la atmósfera terrestre para desintegrarse durante el reingreso. Ese proceso libera óxidos metálicos y otras partículas en capas atmosféricas todavía poco estudiadas.

Investigadores estiman que algunos satélites Starlink liberan cerca de 30 kilos de óxido de aluminio durante su destrucción atmosférica. Con desorbitaciones prácticamente diarias, la acumulación anual de residuos comienza a ser considerada climáticamente relevante por distintos equipos científicos.

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Uno de los principales focos de preocupación está relacionado con el combustible utilizado por los cohetes. Muchos lanzadores, entre ellos el Falcon 9 de SpaceX, emplean queroseno refinado conocido como RP-1. Durante la combustión, ese propelente libera carbono negro directamente en la estratósfera.

A diferencia de la contaminación emitida cerca de la superficie terrestre, estas partículas pueden permanecer durante años en capas altas de la atmósfera. Según especialistas, el carbono negro estratosférico tiene una capacidad especialmente alta para absorber radiación solar y modificar procesos térmicos atmosféricos.

También preocupa el impacto sobre la capa de ozono. Los óxidos de aluminio liberados por satélites durante la reentrada funcionan como superficies químicas donde pueden producirse reacciones que afectan el equilibrio del ozono estratosférico. Aunque los niveles todavía están lejos del impacto histórico de los CFC (clorofluorocarbonos), científicos remarcan que el crecimiento acelerado del sector espacial vuelve el tema cada vez más sensible.

Expertos describieron el escenario actual como un “experimento geoingenieril no regulado”, debido a la ausencia de normas globales específicas sobre emisiones atmosféricas de lanzamientos espaciales.

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Los problemas para la astronomía y los telescopios

Además del impacto climático, las megaconstelaciones también alteraron el trabajo de observatorios astronómicos alrededor del mundo. Las trazas luminosas generadas por satélites afectan imágenes captadas por telescopios terrestres y espaciales, especialmente durante las primeras y últimas horas de la noche.

Estudios académicos estiman que ciertos telescopios de gran campo podrían ver comprometidas entre 30% y 40% de sus exposiciones en determinados horarios debido al paso de satélites. Observatorios dedicados a detectar asteroides y objetos cercanos a la Tierra aparecen entre los más afectados.

También comenzaron a detectarse emisiones electromagnéticas involuntarias provenientes de satélites Starlink que interfieren con radiotelescopios utilizados para investigaciones astronómicas profundas. Equipos científicos de Europa y Australia publicaron trabajos donde describen señales captadas en frecuencias protegidas para radioastronomía.

Frente a este escenario, organismos científicos internacionales vienen reclamando coordinación entre agencias espaciales, gobiernos y compañías privadas para reducir impactos sobre la observación astronómica y el medioambiente.

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Qué regulaciones existen y por qué muchos expertos las consideran insuficientes

Actualmente existen lineamientos internacionales vinculados con mitigación de basura espacial y desorbitado de satélites impulsados por organismos como la ONU y agencias espaciales internacionales. Sin embargo, especialistas sostienen que todavía hay un vacío regulatorio importante respecto a emisiones atmosféricas y contaminación química generada por lanzamientos espaciales.

La expansión prevista de megaconstelaciones intensifica el debate. Empresas privadas proyectan decenas de miles de nuevos satélites durante los próximos años para ampliar cobertura global de internet y servicios de comunicación.

Al mismo tiempo, algunos fabricantes comenzaron a desarrollar alternativas consideradas menos contaminantes, como motores alimentados con metano líquido o diseños que favorecen una reentrada atmosférica más limpia. Sin embargo, investigadores remarcan que todavía no existen soluciones definitivas frente al crecimiento masivo del tráfico orbital.

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