Opiniones

Una vez más, un Trump impredecible en la relación con México

El economista y doctor en Relaciones Internacionlales, PAblo Kornblum, analiza en conflicto social y comerical entre Washington y el DF. En ese marco, destaca que "una vez más los ciudadanos más necesitados se han convertido en la variable de ajuste en ambos lados de la frontera".

“Los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas”, le respondió el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a su par estadounidense Donald Trump. Su racionalidad es lógica: la desigual estructura económica centroamericana, la violencia social y política, la corrupción endémica, la falta de oportunidades educativas y los obstáculos de acceso a un sistema financiero concentrado, son algunas de las razones que potencian el círculo vicioso de la pobreza del que millones de pre-migrantes no pueden escapar. Resulta evidente que el establecimiento de un impuesto incremental mensual del 5% a todas las exportaciones mexicanas – hasta llegar al 25% el próximo mes de octubre - no calmarán sus ansias de una vida mejor. Y es muy probable que López Obrador tampoco pueda – ni quiera -, realizar cambios estructurales para eliminar de raíz la inmigración ilegal.

Trump lo sabe, pero lo que realmente le interesa es ‘matar varios pájaros de un tiro’. Por un lado, el tener una discursiva beligerante ante un Estado inepto o “fallido”, le permite no solo desligar sus responsabilidades, sino también intentar hacer olvidar, por lo menos mientras pueda, las imágenes de niños inmigrantes encerrados en jaulas. Bajo su concepción, seguramente habrá pensado en un potencial efecto disuasivo que denote poder, y no en la demostración de sus miserias más oscuras; por supuesto, es más sencillo propiciar la mano dura con familias desvalidas, que avanzar militarmente en Siria, Ucrania, Venezuela o Corea del Norte con Putin o Xi en la vereda de enfrente.

A su vez, el discurso anti-extranjero que enmascara los desaciertos propios también se fortalece al analizar la balanza comercial y de cuenta corriente bilateral con México. Con remesas que han rondado los 30.000 millones de dólares en la última década, y un déficit comercial en torno a los 80.000 millones de dólares el año pasado, esta ‘fuga financiera’ se torna intolerable para la altisonante y ya clásica frase de campaña ‘Make America Great Again’. Por supuesto, no menciona – u mejor dicho oculta - los efectos multiplicados positivos que impactan fuertemente en el mercado interno estadounidense dada la alta propensión marginal al consumo de los inmigrantes. Menos aún lo que ocurre fronteras afuera, resaltando a las remesas como una fuente fundamental de ingresos externos para muchos países de la región, con derivaciones directas para con la mejora en la calidad de vida de millones de familias centroamericanas. Lo que a su vez podría redundar en un beneficio propio para los Estados Unidos, ante una menor tasa de emigración.

Finalmente, la mayor violencia verbal derivada de las problemáticas económicas y financieras globales de las últimas décadas, las cuales se han traducido en sostenidos corrimientos hacia los extremos ideológicos, le ha habilitado a Trump una discursiva potente para arengar a sus votantes, sosteniendo que México es un país “abusador” de los Estados Unidos. Se podría decir que es un ‘extraño abusador’, ya que con su vecino del sur ha firmado un nuevo Tratado de Libre Comercio, junto con Canadá, hace escasos ocho meses. Es por ello que podemos dilucidar que la problemática per se no es lo importante: la clave en lógica ‘trumpteana’ es viralizar una palabra con una fuerte connotación social – con reminiscencias en clave de ‘violación’ u otras atrocidades -, entre aquellos trabajadores no calificados estadounidenses que observan con recelo a los inmigrantes ante una situación de competencia laboral desigual.

Toda esta situación, que entremezcla conceptos, selecciona variables de análisis según conveniencia, y muestra permanentes contradicciones, lo único que ha provocado es que el resto de los actores estatales le ‘tomen el tiempo’ a Trump. Con una credibilidad que decrece proporcionalmente ante cada declaración altisonante en tono de ‘factor sorpresa’, López Obrador le respondió con el mismo discurso agresivo: “no me falta valor, ni soy cobarde”, fueron sus primeras palabras luego de enterarse de la novedosa política arancelaria estadounidense. Luego le ha intentado explicar a su homólogo norteamericano, muy didácticamente, que el impuesto adicional lo terminaría pagando el consumidor estadounidense, que si Méjico responde con medidas similares los Estados agrícolas estadounidenses – una de las bases electorales de Trump – serían fuertemente afectados en términos financieros, como así también que habría profundas pérdidas económicas por el incremento de los costos de muchas industrias que tienen cadenas de suministro establecidas en Méjico. Y sin expresarlo taxativamente, también sabe que una gran cantidad de empresarios estadounidenses, que se encuentran siempre ávidos de utilizar la mano de obra barata y laboriosa inmigrante, no estarían muy conformes con una disminución sostenida de la inmigración centroamericana.

Es interesante como este escenario economico descripto desnuda una ‘estuctura economica desigual’ - tal cual reflotaría algun teórico estructuralista latinoamericano -, con una economia que comulga sectores industriales y de servicios fuertemente tecnologizados, conviviendo con otros más atrasados que requieren mano de obra de bajo costo, como son la agricultura, la pesca, la construcción, o la manufactura. Estos sectores más subdesarrollados, los cuales se intentan permanentemente minimizar en los países con mejor calidad de vida, todavía tienen relevancia en la principal potencia económica del mundo: su necesidad de evitar la dependencia bajo el ala del autoabastecimiento, el poder competir en todos los sectores económicos a nivel internacional, y el continuar siendo el motor de acumulación de capital global, son parte del ‘deber ser’ estadounidense para lidiar con las potencias desafiantes en este siglo XXI, China y Rusia.

Este escenario es bien sabido al sur del Rio Bravo. Por ende, mientras los gobiernos centroamericanos solo especulan con la ingente recepción de remesas y sueňan con la hipoteticamente teórica disminución proporcional del gasto público en relación a cada emigrante que parte, el ciudadano de a pie, quien ha perdido su convicción en la capacidad gubernamental de lograr el objetivo primordial de proveer un decente bienestar económico, encuentra en la emigración una salvación a su vida. En el Estado mejicano de Guerrero hay un dicho muy común entre la población, que sostiene que “Si eres estúpido y no tienes suerte, te quedas atrapado en Méjico haciendo tareas agrícolas o trabajando en las maquilas, donde apenas te alcanza para comer. Si eres estúpido, pero suertudo, te incorporas a la policía. Si no eres listo, te vas con los narcos. Y si eres listo, cruzas la frontera y llegas a Estados Unidos”.

En definitiva, una vez más los ciudadanos más necesitados se han convertido en la variable de ajuste en ambos lados de la frontera; bajo un paradigma en donde las hipótesis de conflictos intra e interestatales poseen fuertes componentes histórico-culturales, políticos y sociológicos en términos de la comprensión ciudadana y la manipulación política. Ahora le toca el turno a la política arancelaria, la cual desdeña una solución racional y ética, pero pone sobre el tapete una puja de intereses socio-económicos y productivos con resultados macro y microeconómicos ambivalentes de largo plazo. Y aunque las ganancias obtenidas luego de las disputas entre los diversos actores terminarán siendo los grandes temas de discusión y análisis de los medios de comunicación más relevantes, lo único certero es que los desprotegidos y pauperizados inmigrantes continuarán siendo los grandes perdedores de esta disputa inter-estatal.

*Pablo Kornblum es Economista y Doctor en Relaciones Internacionales. Autor del libro “La Sociedad Anestesiada. El sistema económico global bajo la óptica ciudadana”

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