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Evaluaciones encontradas
Jorge M. Streb.


Fuente: Banco Mundial.
Además del problema de inferencia para aislar el componente interno, la tasa de crecimiento observada no nos dice nada del potencial de crecimiento futuro a partir de las inversiones realizadas. Por empezar, todos los países que se han desarrollado cuentan con mercados de capitales profundos. En ese sentido, el gobierno argentino no resolvió eficazmente el default del 2001, a lo que agregó a fines del 2011 un "cepo cambiario" que no permite a los ciudadanos ahorrar cómo desean; y que llevó a un derrumbe del mercado inmobiliario, a trabas al comercio internacional y al freno a la inversión, con la consecuente desaceleración de la actividad económica. Más en general, luego de la renuncia de Roberto Lavagna como Ministro de Economía, cobran protagonismo figuras como la del Secretario de Comercio Guillermo Moreno a partir de marzo de 2006, a raíz de medidas como la veda de exportaciones de carne. En lugar de un Estado que provea las reglas de juego para que el mercado se desarrolle, se han priorizado cada vez más las intervenciones puntuales y discrecionales.
Mientras hay una intervención creciente del gobierno en mercados y empresas privadas, se observa un sorprendente descuido de la infraestructura que depende críticamente de la supervisión del propio gobierno, como los trenes que se caen a pedazos. El problema de regulación de los servicios públicos se refleja en indicadores como los del World Justice Project, donde estamos muy por debajo de nuestros pares del Cono Sur. A eso se agrega el deterioro del proceso presupuestario, donde han proliferado cuentas extrapresupuestarias sin control ni transparencia alguna, y de la política monetaria, donde la emisión monetaria está fundamentalmente explicada por el déficit fiscal desde la remoción de Martín Redrado de la presidencia del BCRA a principios del 2010.
Estamos retrasados respecto a nuestros vecinos del Cono Sur en los límites al gobierno que aseguren su subordinación a la ley, un indicador crucial del imperio de la ley (rule of law); no llegó aún un "nunca más" a la corrupción e impunidad de la clase política. La falta de límites al poder está en consonancia con la concepción que traía Néstor Kirchner en el 2003: como le explicaba a los empresarios españoles, venía a poner reglas de juego duras pero claras; ya no era la Argentina de Menem, venía el proyecto de la Argentina de Kirchner. Esta concepción personalista de las políticas públicas, que se refunda con cada presidente, desemboca en un capitalismo de amigos, ya que no hay reglas de juego que trasciendan al presidente de turno.
En resumen, el apoyo masivo y casi ininterrumpido a la gestión del actual gobierno nacional en las urnas se puede explicar por el fuerte crecimiento económico. Parece ser que los votantes no distinguen entre factores domésticos y externos, y sobre todo que no toman en cuenta los problemas acumulados por la desinversión en capital físico e institucional. Sin embargo, hay que reconocer que el problema del votante es diferente al del analista: no se trata de evaluar el desempeño, sino de elegir la mejor alternativa disponible. La falta de consenso en la oposición acerca de un proyecto alternativo más integrador y moderno ha hecho que, en la práctica, no existan rivales frente al oficialismo.
Esto apunta a una diferencia regional importante, ya que en Brasil, Uruguay y Chile los partidos mayoritarios de derecha e izquierda han logrado coincidencias sobre las reglas básicas de juego de la sociedad, en particular sobre los temas de combate a la pobreza, inversión y apertura al mundo. Ningún consenso amplio para avanzar en esa dirección existe, por ahora, en la Argentina.

