lunes 19.11.2018
Deportes
Por Adrián Pignatelli.-
viernes 13 de Septiembre de 2013

A 90 años de la histórica pelea de Firpo contra Dempsey




















































































































Por Adrián Pignatelli.- El cronista Jack Lawrence y el operador de Western Union Perry Grogan no lo podían creer: el derechazo de Firpo y el vuelo de Dempsey fuera del ring ocurrieron en cuestión de segundos. Junto al cronometrista, evitaron que el boxeador golpeara su cabeza contra el piso, si bien sus esfuerzos no alcanzaron para impedir que la frente del púgil impactara contra una máquina de escribir, lo que le produjo un corte. De la misma forma, junto con algunos espectadores lo hicieron poner en pie y, en medio de palabras de aliento y de insultos, regresó al ring ante la vista gorda del árbitro Johnny Gallagher, quien nunca terminó el conteo reglamentario.

Seguramente hasta ese momento el argentino Luis Ángel Firpo no imaginó que estaba protagonizando la pelea del siglo. Era el 14 de septiembre de 1923 y lo que estaba en disputa era el campeonato mundial de los pesos pesados.

Firpo había nacido en Junín el 11 de octubre de 1895, y se había iniciado en el boxeo en los finales de 1917. Casi a los 28 años, de 1,90 de estatura y 98,200 de peso, llegaba con 26 victorias -22 de ellas por nocaut- y sólo dos derrotas. Enfrentaba a Dempsey -"El asesino de Manassa"-, el campeón indiscutido de la categoría, que tenía en su haber 59 peleas ganadas, 49 por nocaut, cuatro perdidas y ocho empates. Era el favorito y era la primera vez que disputaría su título con un hispano.

El combate tuvo lugar en el Polo Ground, de Nueva York, un estadio donde habitualmente se desarrollaban partidos de béisbol que fue especialmente acondicionado. Es que la expectativa era mucha: asistieron casi 90.000 espectadores y cubrieron el espectáculo 1.000 periodistas. La recaudación pasó el millón de dólares; de ella, 475.000 fueron para Dempsey y 156.000 para el argentino.

Y si en Nueva York la expectativa fue mucha, ni qué hablar en Buenos Aires. Fue una noche inolvidable. Miles de personas se congregaron frente a los edificios de los diarios La Nación, La Razón y Crítica en busca de noticias y atentos a las pizarras actualizadas gracias a los cables telegráficos. Por su parte, la radio, que recién nacía, efectuó una transmisión especial, que consistió en la lectura de esos cables. ¿Cómo llegaba la transmisión? En el libro "Días de radio" se describe que el relato partía del lugar de la pelea hasta Transradio Internacional, en Villa Elisa; de ahí a Radio Sudamérica y finalmente, a Radio Cultura.

Por otra parte, 2.500 porteños que no poseían la rudimentaria radio a galena pagaron cincuenta centavos para seguir esa transmisión en el Luna Park. En el mismo sentido, en el Pasaje Barolo también se congregó una importante cantidad de gente pendiente del faro que posee en la cúpula: si aparecía una luz verde, anunciaría el triunfo de Firpo; en cambio, si era roja, sería ganador el norteamericano.

El diario La Razón contó que hubo comercios que, en sus escaparates, colocaron muñecos con las figuras de los dos boxeadores, anunciando que se toleraría la rotura de las vidrieras si el ganador resultaba ser el argentino.

La pelea fue dramática en todo sentido. Se dijo que Firpo llegó a Estados Unidos con el húmero del brazo izquierdo fracturado o, por lo menos, fisurado. Aun así, intuyó que el enfrentamiento sería épico. Cuando llegó a Nueva York, lo primero que preguntó fue si el combate sería filmado. Cuando le contestaron que no, insistió en que fuera registrado, ya que pensaba vender los derechos de su triunfo para que se emitiera en los cines argentinos.

Firpo cayó siete veces en el primer round. Claro que también un certero derechazo había provocado que Dempsey cayera del ring por lo menos por 17 segundos. Sin embargo, el público lo ayudó a subir, mientras el árbitro efectuaba un conteo que nunca llegó a diez. Tampoco el juez percibió los golpes antirreglamentarios del estadounidense. En Buenos Aires, la noticia de que el norteamericano había sido despedido del ring se vivió como un verdadero delirio, que minutos más tarde se transformaría en indignación.

En el segundo, el argentino volvió a caer en dos oportunidades. El combate lo terminó el árbitro, decretando el nocaut a los 57 segundos, sin contarle a Firpo el tiempo reglamentario. El árbitro terminaría siendo suspendido cinco semanas más tarde. Pero la injusticia había sido cometida.

Luego de la pelea, el periodista Damon Runyon bautizó a Firpo como "El toro salvaje de las pampas". Continuó su carrera de boxeador hasta 1936, año en que se retiró para dedicarse a la explotación ganadera, entre otros negocios. Falleció el 7 de agosto de 1960 a raíz de un ataque cardíaco.

En nuestro país, el 14 de septiembre se instituyó como el día del boxeador. Que también podría coincidir con el día del coraje.

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