Un grupo de economistas y dirigentes del Frente de Todos de la Provincia de Buenos Aires trazó un balance sobre el desempeño de la economía nacional durante 2020 y analizó los principales desafíos de cara al 2021.
Economistas bonaerenses: hay que acumular reservas
Aseguran que tras los cuatro años de macrismo, a los que se sumó la pandemia del covid-19, existen indicadores que permiten ser optimistas.
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El informe se titula Análisis de Coyuntura Económica y fue elaborado por un equipo que conforman el exviceministro de Economía de la Nación y actual secretario administrativo del Senado provincial, Roberto Feletti; el exsenador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel Pignocco; el extitular de la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA), Martín Di Bella; el contador Diego Perrella y la Dra. Érica Pinto.
Tras los cuatro años de gobierno del expresidente Mauricio Macri, a los que se sumó la pandemia delcovid-19, los autores remarcan la existencia de determinados indicadores que permiten avizorar el presente año con optimismo. Al respecto, se refieren al “freno al hundimiento profundo de la actividad que tuvo su peor momento en el II trimestre de 2020, en el pico del aislamiento social y la consecuente parálisis de la economía”.
Sobre el mismo, observan que “ese deterioro comenzó a ser revertido en el III trimestre 2020, una vez que ya se habían restablecido algunas actividades con protocolos sanitarios e impactaban de lleno las medidas de sostenimiento de los ingresos populares, como el Ingreso Familiar de Emergencia y el Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción”.
Para los especialistas, la expectativa de que este año se inicie un ciclo expansivo -aún por encima del crecimiento del 5,5% del PBI pronosticado en el Presupuesto- descansa en dos acciones positivas, que dependen del Gobierno:
que se complete el plan de vacunación en curso, lo que permitiría un pleno despliegue de la producción y el consumo sin riesgos sanitarios;
que se avance en la ejecución de los ambiciosos programas de obra pública contenidos en el Presupuesto Nacional y de la Provincia de Buenos Aires, de modo que apalanquen la demanda agregada y la actividad privada.
Sin embargo, los economistas señalan que “ese sendero positivo presenta amenazas que pueden complicar la recuperación”. En parte, esto se debe a la crítica combinación de la herencia macrista con el impacto de la pandemia; pero también dependerá de la capacidad del Gobierno para poner en práctica ciertas medidas tendientes a que la reactivación sea inclusiva.
Según se desprende del documento, uno de los principales riesgos es la inestabilidad del sector externo, ya que la solvencia del mismo -sobre todo en una economía emergente de tamaño medio como la argentina- es fundamental para sostener las políticas monetaria y fiscal expansivas destinadas a estimular la demanda. Por eso, dice el texto, que la decisión de “poner plata en la calle” no derive en volatilidad de precios y del tipo de cambio, depende de la capacidad del Estado de sostener el equilibrio externo y de atesorar divisas en el Banco Central.
Por otra parte, los técnicos consideran que 2021 anuncia un escenario internacional favorable para el flujo de divisas hacia las naciones emergentes, debido a las medidas adoptadas por los Estados Unidos y China -las dos economías más grandes del mundo- frente a la pandemia.
El gigante asiático ha volcado ingentes recursos para sostener la actividad interna, lo que se traduce en una paulatina suba del precio de los alimentos que, en principio, favorece a los países productores.
En cuanto a los Estados Unidos, la Reserva Federal ha aumentado la base monetaria en un 52% durante 2020 a fin de enfrentar los daños económicos ocasionados por la pandemia. Por lo tanto, la suba del flujo positivo de divisas por mejoras en los precios de las materias primas alimenticias (“dólares comerciales”) y los recursos de capital líquidos (“dólares financieros”) en procura de una mayor rentabilidad que la ofertada por una tasa de interés “planchada” en los EE.UU., genera perspectivas positivas.
Esta combinación de decisiones políticas de las principales potencias del mundo ha derivado en una fuerte suba del precio internacional de los granos y otros alimentos como la carne. Sin embargo, este efecto benéfico del comportamiento del mercado internacional no se tradujo en un abastecimiento del mercado interno en cantidades y precios locales razonables.
En relación a esto, destacan “la necesidad de desacoplar los precios internos de los internacionales para impedir que la suba de estos últimos se transmita al mercado local, provocando una inflación definida por políticas económicas decididas en el exterior”. “Es imperioso no importar la inflación de precios externos porque en el caso de nuestro país impacta directamente sobre los alimentos de consumo masivo”, asevera el documento.




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