23 de julio 2007 - 00:00

La violencia frustró el debut de Cristina

Aunque la candidata a la presidencia compartió el escenario en Puerto Santa Cruz, optó finalmente por no hacer uso de la palabra dejando ese espacio a su esposo, siempre se-cundado por Peralta.
Aunque la candidata a la presidencia compartió el escenario en Puerto Santa Cruz, optó finalmente por no hacer uso de la palabra dejando ese espacio a su esposo, siempre se- cundado por Peralta.
En la víspera, Cristina había hecho su pomposo lanzamiento formal en el coqueto Teatro Argentino de La Plata. La idea era poder hacer una presentación en el interior «profundo» antes de iniciar hoy su gira por España. La kirchnerista Santa Cruz parecía el escenario ideal, especialmente al haberse elegido una pequeña ciudad portuaria con apenas 3.500 pobladores para lanzar obras públicas por 1.600 millones de pesos.
Pero los problemas que estallaron a más de 600 kilómetros de Puerto Santa Cruz tuvieron la suficiente gravedad como para bajar al mínimo las expectativas del oficialismo. La candidata presidencial debió ceder la palabra a su esposo, Néstor Kirchner -no estaba previsto que hablara-, y también quedó postergado el potencial lanzamiento del mandatario local, Daniel Peralta, como elegido para pelear la gobernación el 28 de octubre.
El conflicto con los marineros santacruceños incluso salpica el paso de Cristina por España, ya que la mayoría de las empresas pesqueras radicadas en Puerto Deseado es de capitales españoles, y la embajada de ese país ya envió una nota al gobierno nacional en la que pide que se proteja a estas firmas de posibles nuevos ataques.

 Deuda

En tanto, sigue también quedando en el debe del kirchnerismo lograr una reivindicación en su propia tierra. Tras la escandalosa renuncia del gobernador Sergio Acevedo en marzo de 2006 -en medio de un grave conflicto con petroleros de Las Heras y la muerte del policía Jorge Sayago-, todo fue cuesta arriba en una provincia, y una región, que actualmente se encuentra muy convulsionada (ver aparte).
El último capítulo de crisis -esta vez liderado por docentes de Río Gallegos- cobró el cargo de Carlos Sancho.
En sus poco más de dos meses de gobierno, Peralta quedó restringido al rol de negociador con los gremios. Su pasado como ex interventor de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio lo ayuda, pero aun así el clima no deja de estar enrarecido en la provincia.
De hecho, el grave conflicto con los maestros de Adosac que hizo caer a Sancho aún está pendiente de una tregua que tiene como fecha límite el 31 de agosto.
La energía de Peralta está ahora puesta en solucionar el grave conflicto con sede en Puerto Deseado, que implicó la toma de la Municipalidad local y el ataque e incendio de empresas pesqueras locales, en medio de una huelga de marineros en Puerto Deseado que se encuentra
en rebeldía respecto del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), el gremio que los agrupa a nivel nacional.

 Acuerdo

Los marineros desconocen un acuerdo salarial firmado por la cúpula del SOMU y además reclaman el aumento del mínimo imponible del Impuesto a las Ganancias, una exigencia que sostienen varios gremios del país y que está revisando el gobierno nacional.
Con estas quejas, llevan adelante una protesta que paraliza la actividad pesquera de la provincia desde hace 20 días y ya ocasionó pérdidas por $ 200 millones (ver aparte). La protesta tuvo su «día de furia» el viernes, ya que los marineros habían dado una tregua hasta ese día al intendente local, Arturo Rodríguez, para que negocie con las empresas. Sin respuesta, estallaron los incidentes en un clima caldeado que incluyó piquetes sobre la Ruta Nacional 3 a la altura de Puerto Deseado y otras localidades con puerto y actividad pesquera como Caleta Olivia y, en las chubutenses Puerto Madryn y Comodoro Rivadavia.
Tras el caos, Peralta propuso que este miércoles se realice una mesa de diálogo con las empresas, los trabajadores y las autoridades del gobierno provincial.
El pedido de Peralta fue bien recibido por los marineros, y el encuentro se llevaría a cabo en Puerto San Julián o Río Gallegos, según indicó Mauro Paillaqueo, representante de la Agrupación de Marineros Santacruceños. Por lo pronto, los marineros levantaron los piquetes que habían montado sobre la Ruta 3, que recorre la costa atlántica patagónica.

 Gestiones

En paralelo, el ministro de Gobierno santacruceño, Pablo González, está desde ayer en Buenos Aires, con la intención de sumarse desde hoy a las negociaciones con las empresas pesqueras, aunque sostuvo que el reclamo «excede la injerencia directa de la provincia», «porque los trabajadores están planteando un rechazo al convenio colectivo que firmó la Cámara Pesquera con la central del SOMU y un pedido de aumentar el mínimo imponible de Ganancias».
A su vez, fue destinada a Puerto Deseado una delegación del Ministerio de Asuntos Sociales, de Economía y de la Subsecretaría de Trabajo para atender a los trabajadores y a las familias afectadas.
En lo que respecta a seguridad en esta conflictiva zona, desde el Ministerio del Interior de la Nación confirmaron este fin de semana el envío de unos 300 gendarmes. Aun así, fuentes del gobierno santacruceño indicaron que hasta ayer por la noche no había efectivos de esta fuerza en el lugar, pero que la situación era controlada sin problemas por un grupo de operaciones especiales de la Policía de Santa Cruz.
Por su parte, para explicar los graves hechos del viernes, los marineros y algunas fuentes locales aseguraron que la violencia fue desatada por «activistas infiltrados».

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