La virulenta interna gremial dentro del Sindicato de Petroleros de Santa Cruz, con asambleas contrapuestas como prueba de fuerza, deja ya pérdidas millonarias para la provincia.
Santa Cruz - Cristina de Kirchner monitoreó durante todo el fin de semana desde El Calafate las gestiones que lleva adelante el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, para intentar destrabar el grave conflicto con los petroleros del norte santacruceño, que mantienen paralizados los yacimientos del Golfo de San Jorge desde hace 25 días.
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Ayer el problema se agravó con la toma de las sedes sindicales de Caleta Olivia, Las Heras y Río Gallegos por parte de los trabajadores que responden a Héctor «Chaco» Segovia, quienes aseguraron que resistirán «a palos» la intervención dispuesta sobre el gremio.
Además advirtieron que este escenario «le va a costar caro a Daniel Peralta en las urnas». Horas antes, quemaron un importante número de remeras con la leyenda «Peralta 2011» en Río Gallegos.
De prolongarse, la medida amenaza con poner en riesgo el abastecimiento de combustibles en todo el país, pero las principales empresas que operan en esa zona confían en una pronta solución (ver página 9). A nivel provincial son casi $ 80 millones los que no ingresarán en concepto de regalías.
En simultáneo, la concordia del tiempo pascual tampoco pareció aquietar los ánimos de los docentes que, tras el violento choque días atrás con delegados de la UOCRA local, iniciaron un paro por tiempo indeterminado con consignas además salariales (y se sumaron los estatales).
Incluso, anoche se hablaba también de otra incipiente medida de fuerza, en este caso por parte de los trabajadores del yacimiento minero de Huevos Verdes, uno de los principales núcleos de la economía provincial.
El de los petroleros, agrupados en el Sindicato de Petróleo y Gas Privado, empezó como un reclamo de mejora salarial y derivó en una virulenta interna gremial entre el delegado local, Segovia, y el secretario adjunto, Rubén Retamoso. El miércoles último, los trabajadores condicionaron el fin de la huelga a la renuncia de Segovia. La resistencia de uno y otro bando forzó al Gobierno nacional a pedir el viernes a la Justicia provincial la urgente intervención del gremio.
Pero el saldo no pudo haber sido peor, al menos para los planes de la Presidente, que confiaba en regresar hoy a Buenos Aires con el frente de tormenta petrolero en retirada. Los afiliados al sindicato reaccionaron tomando las tres principales sedes y anunciaron que resistirán hoy, «si es necesario a los palos», el ingreso del delegado normalizador interino, Roque Vitale, funcionario de la Secretaría de Trabajo provincial que fue designado por el ministro de Trabajo de la Nación. Durante todo el fin de semana, Cristina de Kirchner mantuvo permanente comunicación telefónica con el gobernador Daniel Peralta -que también descansaba junto a su familia en El Calafate-. Pidió estar informada de todos los movimientos y se mostró muy preocupada por la paralización de los yacimientos. No es un dato menor para sus planes políticos: la huelga es una mala señal para futuras inversiones y el riesgo de quiebre de la paz social -sobre todo en su provincia- la forzaría a quedar como protagonista en un escenario conflictivo.
Sobre la Ruta 43, los escindidos delegados que respaldan a Retamoso mantenían piquetes y quemas de neumáticos a la vera de los accesos a los principales yacimientos. En este enrarecido contexto, anoche viajaba desde Comodoro Rivadavia, hacia Caleta Olivia, Carlos Blaquier, designado por la Federación de Petroleros nacional como normalizador.
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