7 de diciembre 2022 - 00:00

Corcuera Terán: 100 obras revelan un valioso mestizaje estilístico

La exposición “Lo cotidiano extraordinario” abrió la semana pasada en el Museo de Arte Contemporáneo y continúa hasta febrero.

Corcuera Terán. Los pectorales y collares de diferentes colores.

Corcuera Terán. Los pectorales y collares de diferentes colores.

Desde el jueves pasado y hasta fines de febrero, la exposición antológica “Lo cotidiano extraordinario” de María Silvia Corcuera Terán (1955), despliega alrededor de 100 obras en tres pisos del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires. La extensa muestra, curada por Laura Casanovas, atrapa la atención del espectador desde el inicio, con la grata visión de un universo de juguetes de madera policromada. Realizados mayormente con formato de embarcaciones y ostentando un corazón como bandera, varios juguetes remiten a la infancia de la artista. Consultada sobre la presencia de las ruedas en los barcos y la posible relación con los conocidos juguetes de Joaquín Torres García, la artista, se remonta a su propia infancia: “Mi mamá me llevaba a las comunidades indígenas y mientras ella investigaba, yo, si los niños me aceptaban, jugaba. Y construía con ellos juguetes con pedazos de madera... en silencio, porque los indígenas son silenciosos... Los juguetes de Torres García los vi después. Pero seguimos arrastrando la niñez durante toda la vida”, concluye.

Dueña de un valioso mestizaje estilístico, esta condición tan personal del arte de Corcuera en un país que siempre miró hacia Europa, capaz de arrancar lo propio para plantar lo ajeno, está arraigada en los conocimientos adquiridos durante la infancia. Su madre antropóloga, Ruth, es un faro en el camino de los investigadores de las culturas de Latinoamérica y, su padre, Mario Corcuera Ibáñez, fue un diplomático radicado en el extranjero durante años y, al volver, tuvo a su cargo la dirección del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Allí prosperó el pensamiento “euríndico” que sentó las bases de un movimiento estético ecléctico y sofisticado. Los ecos de la historia repercuten en el amplio horizonte cultural de la muestra.

Temas como la serie de curiosos e inmensos peinetones criollos, enfrentan al espectador con la locura de los argentinos cuando llega hasta el ridículo. “Es la desmesura relacionada con cierta idiosincrasia nacional y el lugar de la mujer”, aclara la curadora. Luego, “La Dote Argentina”, representa el conjunto de dinero o de bienes que la mujer aporta al matrimonio. Con sus pectorales y collares dorados, resplandecientes, es un testimonio del país. “Argentia es Argentina y significa también plata”, observa Corcuera. “Como este país que se cree rico, pero es insular, extremo. Nosotros no somos ricos. Argentia son las mentiras que compramos. Esta es una mentira que el mismo país compró. De allí nace la idea de ornamento, de esplendor. A este país pobre le regalo con mi obra, con la dote, el esplendor del ingenio de lo cotidiano. Con casi nada. Son obras construidas con la estructura de alambre que rodea el corcho del champagne. Como nuestra alegría, agarrada con alfileres de ganchos. Es ficción. Y ahora, cada día más, Latinoamérica se construye como una ficción. Como en esa fábula en la que de día se construye y de noche de destruye”.

Hay una marcada tendencia de la artista a la abstracción, condición qué le otorga misterio y vuelve difuso el sentido de toda la producción que comienza en los años 90 y llega hasta la actualidad. Durante décadas perdura una inocultable tendencia a las formas circulares muy presente en las pinturas, al igual que los colores rojo, blanco, negro, rojo y azul. Con su particular dinamismo, danzan las geometrías en las salas. Además, mientras se ablandan las fronteras entre los géneros (instalación, escultura, dibujo, collage, objetos, pintura, textiles) se desdibuja la jerarquía de los materiales, como las pequeñas cápsulas de café que unidas unas a otras configuran un manto. Allí está “lo cotidiano extraordinario”, en el gusto por experimentar con materiales inesperados como los antiguos boletos de tren, las alas de mariposas y otros objetos desechables.

En el capítulo “Protegidas, Rayadas y Cascabeles, la ciudad, sobre todo Buenos Aires, con su identidad, historia, tragedias y afectos”, aparecen varias series y, entre ellas, los pájaros heridos, rojos como la sangre, envueltos en vendas. Junto a la herida aparece en la obra el concepto de la reparación.

Torres García, Roberto Aizenberg, Juan Batlle Planas, Alfredo Hilito son los artistas más admirados por Corcuera. Y, entre los extranjeros, figura Yves Klein, creador del mágico azul, al que Corcuera dedicó una obra: una reinterpretación del “Exvoto dedicado a Santa Rita de Cascia”, la santa de los casos imposibles y desesperados. La artista compuso una versión local y dedicó el exvoto a San Cayetano, introdujo en la caja unas cintas de plata de Argentia y unas hojas de coca bañadas en oro. Al igual que Klein insertó en la pequeña caja un rollito de papel con una extensa plegaria para no perder el don de la belleza.

El humor ronda toda la muestra, pero encuentra su mayor expresión en la serie “Todo es un Globo”, una abierta referencia a la globalización con el foco puesto en la conquista de América.

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