Europa quiere ser protagonista en la revolución del vehículo eléctrico, pero la base tecnológica de esta transformación —las baterías— sigue concentrada mayoritariamente en China. Esta situación está obligando a gobiernos y fabricantes del continente a enfrentar una realidad incómoda: construir una industria propia resulta mucho más costoso y complejo de lo que se preveía.
Competir con las baterías chinas, el gran desafío mundial en la era del auto eléctrico
Proyectos cancelados, altos costos y una cadena de suministro dominada por Asia exponen las dificultades de Europa para construir una industria propia de este tipo de módulos para vehículos sin depender del país oriental.
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China domina ampliamente el mercado de baterías
Durante los últimos años, distintos intentos por desarrollar una red industrial de baterías dentro del bloque europeo se toparon con dificultades financieras, problemas productivos y una brecha de costos difícil de cerrar frente a los gigantes asiáticos.
Uno de los casos más notorios fue el de la empresa sueca Northvolt, que aspiraba a posicionarse como un referente continental en el sector. Sin embargo, la compañía terminó declarando la quiebra en 2024, luego de atravesar serias dificultades económicas y operativas.
El liderazgo chino en la cadena de suministro
La ventaja de China no se limita a la fabricación final de baterías. El país asiático controla gran parte del procesamiento de minerales críticos, la producción de celdas y el desarrollo de tecnologías como las baterías LFP (litio-ferrofosfato), que actualmente ofrecen costos más bajos para los fabricantes.
Esta posición dominante permite a las empresas chinas producir a gran escala y con precios muy competitivos. De hecho, directivos de grupos como Volkswagen Group y Stellantis han reconocido que, en muchos casos, importar baterías desde Asia sigue siendo la opción más viable para mantener precios accesibles en los autos eléctricos.
Las dificultades también impactaron en otros proyectos industriales. Porsche, por ejemplo, redujo su apuesta productiva en Cellforce para enfocarse principalmente en investigación y desarrollo. A su vez, Automotive Cells Company, el consorcio respaldado por Stellantis, decidió suspender la construcción de dos plantas que estaban previstas en Alemania e Italia.
Europa intenta fortalecer su propia industria
A pesar de estos retrocesos, el continente continúa buscando alternativas para desarrollar capacidades propias. La división PowerCo del Grupo Volkswagen avanzó con la ampliación de su planta de baterías en Salzgitter, Alemania, con una capacidad estimada de 20 GWh anuales, suficiente para abastecer a cientos de miles de vehículos eléctricos.
En paralelo, la Unión Europea puso en marcha iniciativas de financiamiento como el programa Battery Booster, que contempla alrededor de 1.800 millones de euros en préstamos sin interés para estimular la fabricación local de baterías.
El objetivo es reducir la dependencia tecnológica y productiva del gigante asiático. Sin embargo, mientras China conserve su ventaja en escala, costos y control de la cadena de suministro, competir en igualdad de condiciones seguirá siendo uno de los mayores desafíos para la industria automotriz europea en la era eléctrica.
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