Política

Bolsonaro embistió de nuevo contra Alberto Fernández, pero está cada vez más solo

"No pretendo felicitarlo por su triunfo. Los argentinos eligieron mal", disparó el presidente de Brasil. Sigue así socavando el Mercosur, pero no lo respaldan ni los otros miembros del bloque ni los industriales y los militares de su país. Un gesto del peronista a favor de Lula sumó a su irritación.

No se trató solamente, como les gustaría a los amantes de las caricaturas políticas, de Nicolás Maduro, Evo Morales o el mexicano Andrés Manuel López Obrador. El triunfo de Alberto Fernández también fue saludado por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por el chileno Sebastián Piñera, por la Casa Blanca a través del embajador Edward Prado y hasta por la nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, entre muchos otros dignatarios. Hubo una excepción: Jair Bolsonaro señaló este lunes que “no pretendo felicitarlo”. El Mercosur cruje cada vez más por la intolerancia del Gobierno de Brasil, pero este se queda solo en su embestida.

“Lo lamento. No tengo una bola de cristal, pero creo que la Argentina eligió mal” al consagrar al peronista, dijo Bolsonaro desde Emiratos Árabes Unidos, en el marco de una gira. “Argentina puso en el poder a quien la había metido antes en un agujero”, insistió el excapitán de ultraderecha en referencia al kirchnerismo, seguramente sin prestar atención a su diplomacia, que le explica que el Frente de Todos es mucho más amplio que ese sector que tanto detesta.

El presidente brasileño señaló, según recogió la prensa de su país, que “no pretendo felicitarlo (a Fernández). Sin embargo, no nos vamos a indisponer (en su contra). Vamos a esperar un tiempo para ver cuál es su posición real”.

Lo que parece prudencia no deja de ser una nueva amenaza al futuro del Mercosur. Si la semana pasada Bolsonaro había mencionado la posibilidad de “suspender” a la Argentina del bloque en caso de que resistiera un recorte del Arancel Externo Común (AEC) a cerca de la mitad de su nivel actual, ahora pone como condición para no hacerlo que la futura administración argentina no “cambie el rumbo” en lo que respecta al acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE).

Es cierto que en el entorno de Fernández se cuestionan aspectos de lo negociado por el Gobierno saliente, pero también que el texto entró justamente en un período de revisión y sintonía fina a ambos lados del Atlántico. Además, la mayor traba para su aplicación no es el presunto proteccionismo argentino sino el veto de gobiernos como los de Francia, Austria e Irlanda que, ya sea como fundamento o como excusa, se amparan en las cuestionadas políticas ambientales del propio Bolsonaro.

La porfía del brasileño en disciplinar a la Argentina, absurda desde lo legal, ya que ningún país puede ser sancionado por votar dentro del bloque a favor de sus intereses, no se compadece con la realidad: si bien nuestro país es más dependiente del vecino en su comercio exterior (provienen de allí la mayor parte de las importaciones), es, a su vez, el tercer proveedor de Brasil, después de China y Estados Unidos.

Además, mientras amenazaba, el paraguayo Mario Abdo Benítez felicitaba al argentino y reconocía la “ejemplar jornada electoral”. Para no hablar del candidato frenteamplista uruguayo Daniel Martínez, quien será su rival en el balotaje de noviembre, Luis Lacalle Pou, ya aclaró el mes pasado que “gane quien gane en la Argentina, va a ser mi socio en el Mercosur”.

Mientras, en Brasil, segmentos importantes de la industria toman las amenazas contra la Argentina tan mal como la propia idea de liberalizar radicalmente el Mercosur. Los mismos, nucleados dentro de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), no reniegan de una apertura que mejore la competitividad de Brasil, pero sí creen que el bloque y la relación con la Argentina son garantías de que el proceso no va a realizarse de una manera extrema que los ponga en peligro.

Dentro del fenómeno político que se da en llamar “bolsonarismo” conviven ultraliberales, ultraderechistas y militares que, para sorpresa de algún distraído, suelen actuar como una fuerza moderadora sobre el presidente, incluso en términos diplomáticos y comerciales. Para el ala militar del Gobierno brasileño, la Argentina y el Mercosur son importantes y destratarla no es prudente.

Puertas adentro (con un sector potente de los industriales y de su ala militar) y puertas afuera de Brasil (dada la presencia de Paraguay y Uruguay en el Mercosur), el intento de Bolsonaro de aislar al futuro Gobierno argentino podría terminar por aislarlo justamente a él.

Si no fuera porque sus diatribas contra Fernández y la vicepresidenta electa Cristina Kirchner son ya un recurso repetido, podría pensarse que Bolsonaro reaccionó mal al último gesto del mandatario electo: su insistencia, en el mismo domingo electoral, en reivindicar la libertad de Luiz Inácio Lula da Silva en una selfie grupal. “También hoy cumple años mi amigo @LulaOficial, un hombre extraordinario que está injustamente preso desde hace un año y medio. Parabéns pra você (felicidades para vos), querido Lula. Espero verte pronto. #LulaLivre”, tuiteó.

Fernández insistió en una postura conocida y que lo ha llevado a participar en un foro internacional de personalidades que piden la liberación del líder de la izquierda brasileña.

“Quiero dialogar, no vamos a cerrar las puertas. Pero estamos preocupados y recelosos, teniendo en cuenta el gesto que hizo de ‘Lula libre’. Eso es una afrenta a la democracia brasileña, al sistema judicial brasileño”, se quejó ya desde Catar.

También en esto Bolsonaro corre el riesgo de quedarse solo. El Supremo Tribunal Federal (STF) señaló hace poco un serio vicio de forma en varias causas de la operación Lava Jato: que no se haya permitido a los condenados responder en sus alegatos finales las acusaciones de los delatores. Eso ya derivó en dos nulidades, destino que puede corresponderle también a una de las dos condenas de Lula da Silva, la de las refacciones pagadas por una constructora (una supuesta coima) en una finca de Atibaia (San Pablo).

La otra condena, la que lo mantiene preso, puede caerse también a principios del mes que viene si el STF termina de confirmar un cambio de jurisprudencia y la decisión de volver a apegarse a la Constitución: sin riesgo de fuga ni de entorpecimiento de una causa, comenzar a cumplir una pena de prisión sin sentencia definitiva es más venganza que justicia. Ni más ni menos que lo que proclaman quienes sostienen la consigna “Lula libre”.

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