La oferta de subproductos de soja en el Mercosur sufriría cambios si se extiende la crisis energética de Brasil
Si el gobierno brasileño no se anticipó a la actual falta de energía, también podríamos decir que no ha previsto los efectos que esto podría causar a mediano y largo plazo en la agricultura y en la industria de los agroalimentos.
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El sector agropecuario, como consecuencia de un recorte energético, debe hacer frente a nuevas adversidades en el acondicionamiento, mermas de producción e industrialización. Estos hechos incrementarían los costos y los tiempos del ciclo productivo y comercial, perdiendo competitividad. En la región sudeste y centro oeste, la meta de reducción es hasta de 20%, mientras que para la zona nordeste, la más afectada, es hasta 25 por ciento.
Meta
Las industrias procesadoras de soja del sur del país, que concentran 57% de la capacidad brasileña, la meta de reducción es hasta de 15%. Es inevitable que en el esfuerzo por economizar energía no se comprometa la actividad industrial.
Asimismo, la crisis energética genera un nuevo factor de desequilibrio entre las industrias de un mismo sector, en función de la localización geográfica. En caso de ocurrencia de un racionamiento estricto, la baja de la producción industrial de los subproductos de soja, y en especial en el caso de la harina, arrastrará tras de sí industrias tales como la de los pollos, cerdos y láctea. Ante una eventual escasez de harina de soja, se podría llegar a intensificar el consumo doméstico de maíz o buscar la posibilidad de procesar el poroto en los países vecinos. Si el racionamiento energético no produce los resultados esperados por el gobierno, y la sustitución de energía ya no es posible a corto plazo, la Argentina tendrá que sacar ventaja de esa situación, incrementando las exportaciones agroindustriales a Brasil y atendiendo a los mercados externos, consumidores de harina o aceites, que Brasil no podrá abastecer.
Estos cambios en la oferta regional de los subproductos de soja y maíz inevitablemente fortalecerán los precios de los granos en la región. Se debe sumar a esto, que el clima parece apuntar a una mejora de precios para la Argentina. Esta ventaja debe ser capitalizada por los productores locales. Las soluciones a la crisis energética tardarán en llegar, dado que las inversiones tradicionales son a largo plazo. Brasil debe recibir urgentemente nuevas inversiones para la generación de energía, que le permitan una mayor y mejor utilización de energías alternativas.
A largo plazo, y si los brasile-ños logran sortear esta crisis, podría llevarlos a posicionarse un paso más allá, en el sentido de que, por la necesidad de producir con una utilización rigurosamente exigente y eficaz de los recursos, la agroindustria se deba reeducar y gane una mejor posición a nivel mundial.