... que la magnitud y la celeridad con que, esta vez, escaló la protesta agropecuaria generalizándose a prácticamente todo el país sorprende tanto a los propios dirigentes sectoriales como a las autoridades nacionales. Tanto fue así que, de movida, estas últimas no atinaron con la estrategia adecuada, aunque sea, para circunscribir el conflicto, y apelaron a las viejas fórmulas de intentar volcar a la opinión pública en contra del campo, pero esta vez no hubo éxito. La mayoría coincide en que ni siquiera fue un logro del sector o de sus entidades sino, más bien, del hartazgo de la gente y de la poca credibilidad con que hoy cuentan ciertos funcionarios nacionales. A partir de ahí, mientras la protesta se generalizaba, apelaron entonces a los gobernadores, especialmente los «pampeanos» como Juan «Gringo» Schiaretti, o el opositor santafesino Hermes Binner, aunque también llegaron a lugares más remotos, como al chaqueño (PJ) Jorge Capitanich, pero tampoco hubo éxito. Sin nada para ofrecer a cambio, los mandatarios provinciales tampoco pusieron demasiado esfuerzo en los intentos que, de hecho, los llevarían a enfrentarse con sus propios contribuyentes para defender medidas del Ejecutivo nacional que resultan tan perniciosas para sus provincias como para los productores rurales.
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... que unos y otros, sin embargo, miran las cosas cada vez con más preocupación. Es que los ánimos están demasiado caldeados (especialmente en el NOA y el NEA donde, por ejemplo, hicieron parar un camión de YPF empujándolo con un tractor, o abren las boquillas de los acoplados de granos, y hasta soltaron la vacas de un camión jaula), y amenazan empeorar. En ese contexto, hay preocupación por alguna eventual filtración de activistas que generen un desborde que no es, justamente, lo que buscan las entidades del campo y, mucho menos, lo que necesita el gobierno de Cristina de Kirchner (aunque varios coinciden en que la «dureza» de la posición oficial proviene, justamente, de su marido y ex presidente, Néstor). De hecho, hubo mucho malhumor en las filas agropecuarias por las presencias extrasector que aparecieron en el acto central del miércoles pasado en San Pedro. Allí, a Margarita Stoltbizer ( Coalición Cívica), se le sumó la ex diputada (PJ) y ex titular de la Comisión de Agricultura de Diputados, la levantisca María Alarcón, que ahora reporta en el gobierno de Binner, y hasta el dirigente sindical de la carne Carlos Etchehum hizo palco, todos con los titulares de las cuatro entidades nacionales del campo. «¡No queremos que nos politicen la protesta!, ¡Ya tenemos bastante con Alberto Fernández!», se quejaba un dirigente bonaerense aludiendo al rol de mascarón de proa de la contraofensiva que le cupo ahora al jefe de Gabinete, entre otras causas, porque el hombre de Agricultura, Javier de Urquiza, no parece haber dado la estatura para ese trabajo, y el siempre presente secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, esta vez brilla por su ausencia... El tema tampoco es demasiado del agrado de los gobernadores que ven cómo varios de su propia tropa se ubican de la vereda de la producción, más aún, cuando ellos mismos son productores, tal el caso del entrerriano Héctor Motta. La desconfianza de los rurales no es injustificada. Es que en una reciente reunión con senadores radicales, mucho antes que se decidiera el actual paro, los más «motivados» para adoptar una medida de fuerza eran los legisladores de este sector de la oposición.
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... que el caso es que ni el comienzo del otoño, ni la conmemoración (el 19 de este mes) del Día del Ruralista alcanzaron para generar alguna distensión. Todos están más que atentos y muy activos vigilando quienes cargan, o sacan guías, o mueven granos, si bien hasta ahora muy pocos quisieron quebrar la protesta de magnitud inédita y de una adhesión inesperada. Claro que, sin minimizar un ápice la contundencia del reclamo, hubo algunos hechos que también «jugaron a favor», y hasta provenientes del mismo gobierno. Por ejemplo, las medidas de seguridad vial, que adoptó Cristina de Kirchner, por el éxodo de turistas hacia todos lados, y que para estos días fijó restricciones para el movimiento de camiones, de ida y de vuelta, «ayudó» a disminuir aún más el tráfico de este transporte. Por otra parte, antes mismo que los propios productores, muchos empleados que en el interior tienen atadossus salarios a un índice grano, cayeron en la cuenta del «congelamiento» que tendrán por 4 años, a partir de la instrumentación de las retenciones móviles que le ponen un «techo» a los precios. Ni lerdos, ni perezosos, en parte por simpatía con los agrarios, pero más aún por su propio interés, adhirieron calurosamente a las movilizaciones en casi todo el país. Así las cosas, los intentos oficiales por quebrar semejante frente hasta ahora fueron vanos. Hasta el jefe de Gabinete de Agricultura, Carlos Milisevic, recién llegado de Barcelona, España, debió reunirse con uno de los grupos más afectados por las medidas: las bolsas de cereales y, aunque trató de emular el malhumor histriónico de Moreno, y hacerlos bajar de la protesta, los «hombres de la bolsa» igual le dijeron que no.
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... que a pesar de la crecientetensión y el desconcierto sobre cómo se sale de semejante brete, especialmente cuando las bases no están dispuestas a bajarse de la protesta, igual hubo tiempo para el festejo de 50 de un conocido hombre de negocios y dirigenterelacionado con los insumos y servicios. La originalidad de la reunión (en la preciosa «casa» de los ex alumnos del Nacional Buenos Aires) fue amenizada por un viejo amigo del homenajeado, el televisivo guitarrista Esteban Morgado (que también festejará sus 50 el próximo 8 de abril en el teatro Alvear), acompañado por Quique Condomi, y a los que se sumaron rápidamente los « espontáneos», todos en onda revival de los sixties. A pesar de semejante «movida», y de lo ecléctico de la concurrencia, con muchos nipones, igual hubo tiempo para comentarios sectoriales, entre empanadas, choripanes y bondiolas asadas. Por ejemplo, al secretario de Asuntos Rurales bonaerense (al que muchos siguen llamando «ministro»), el académico Fernando Vilela, varios lo acosaban preguntándole si es cierto que se va a « desactivar» el plan ganadero de la provincia, favoreciendo más aún el avance de la soja, o si lo único que va a respaldar Buenos Aires es a la ganadería ovina. Ante el embate, el hombre desapareció rápidamente. Otros, mientras tanto, comentaban que el rimbombante anuncio oficial, de « bajar» el precio final de la úrea a u$s 410 más IVA por tonelada no es más que la reedición de lo ya hecho el año pasado, y que tuvo un más que magro alcance. Por un lado, porque el precio promedio de todo 2007 fue de u$s 395 por tonelada, mientras que en 2006 cotizaba a u$s 305. Pero, además, para acceder a « semejante oferta» hay que comprar no menos de 30 toneladas, pagarlas a «contado rabioso», es a granel, y sólo hay menos de media docena de lugares de entrega, todo lo cual limita a unos pocos la posibilidad de ese precio.
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