... que la interna del gobierno ya aparece más dura que la propia protesta agropecuaria, y las zancadillas entre los funcionarios dan cada vez menos respiro. Al margen de los u$s 5.500 millones adicionales que el gobierno pretendería recaudar con el cambio en el sistema de retenciones (según Fuentes Rossi pasarían así de u$s 5.300 millones el año pasado a u$s 11.800 millones en 2008), la pulseada oficial está al rojo vivo. Da la impresión, incluso, que nada se aprendió de la reciente resolución en el conflicto entre la AFIP y la Aduana cuando la presidente Cristina de Kirchner terminó despidiendo a los titulares de ambas reparticiones. Así, Alberto Abad y Echegaray terminaron fuera de sus respectivas carteras. Ahora, sin embargo, se trata de verdaderos pesos pesados: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro Julio De Vido. En medio, casi como rehenes, el ministro de Economía, Martín Lousteau, y los secretarios Guillermo Moreno (que parece que ya no sólo se envalentona con su superior inmediato, Lousteau, sino que lo hace hasta con Fernández), y el cada vez más silencioso Javier de Urquiza. Por supuesto, también el campo parece haber quedado atrapado entre ambos fuegos. Tanto fue así que en la reunión del viernes Fernández quería arreglar rápidamente, y hasta hizo la gestión ante la Presidente para poner la medida oficial del cambio de sistema de las retenciones bajo un paraguas, para poder negociar mientras, por dos o tres meses. Sólo obtuvo un «no» por respuesta. Mientras, su socio de suerte (mala, aparentemente hasta ahora) Lousteau dicen que hasta reconoció el error de la medida adoptada. Igual, no hubo caso.
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... que el nivel de enojo en el interior es casi igual, o aún mayor que cuando comenzó la protesta hace más de dos semanas. «Qué no vamos a hablar de subsidio al gasoil cuando ya van varias veces desde fines de 2006 que tuvimos que pagar el litro a $ 2,50, y encima ni siquiera hay», se quejaba un dirigente que, sin embargo, no parecía saber que el transporte de pasajeros, que sí está subsidiado, tiene el gasoil a 51 centavos por litro para los colectivos y 62 para los ómnibus de larga distancia. Igual pasa con el «tipo de cambio alto», según el gobierno. Los economistas, aun los oficialistas, reconocen que para el campo el tipo de cambio ronda $ 1,70, cifra que, deflacionada por precios minoristas desde finales de 2001, da $ 0,85, y si se utiliza el índice mixto el nivel desciende aún más, a $ 0,75, tal como se explicó (o rebatió) en la reunión que los técnicos de las entidades gremiales del campo, a los que se sumó el economista de AACREA. En el encuentro se mostró claramente por qué el sistema de retenciones móviles es inaceptable, ya que implica la fijación de un precio tope para los granos, independientemente de la evolución de las cotizaciones en el mercado internacional (es como en el «corralito», se intentaban explicar los productores entre ellos). Por la misma causa se destruyen los mercados a término, pues al no haber perspectivas de suba en las cotizaciones, se pierde el interés en operar. Igual, se demolió el argumento de los pools de siembra ya que, sobre alrededor de 27 millones de hectáreas sembradas actualmente en el país, ese sistema apenas rondaría 10% de la superficie (se habla de que el productor individual más grande, que algunos dicen que es el actual senador Roberto Urquía, trabaja unas 200.000 hectáreas, mientras que los tres principales pools promedian 150-180.000 hectáreas cada uno).
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... que, de todos modos, está claro que el conflicto no pasa por lo técnico, ni es lo que el gobierno quiere discutir. En realidad, poco importa, a esta altura, quién tiene razón en ese plano. Más bien, desde el Ejecutivo pareciera buscarse que los hombres del campo se enojen más aún pues, de lo contrario,no se lo habría habilitadoal piquetero Luis D'Elía para decir -y hacer-lo que hace (parece que se lo vio muy activo en un Ford Focus azul, tras un camión cargado de activistas, en el corte de rutas en Junín), o hasta la ex ministra Felisa Miceli que, aunque sigue sin explicar el caso de las cajas de seguridad del Banco Nación (cuando ella era presidente de la entidad), o la bolsa con dólares en el baño de su despacho en el Ministerio, no siente ningún rubor en salir ahora a hacer declaraciones más que discutibles desde el punto de vista económico, aunque totalmente verticalistas con el poder central. Pero en la larga lista de los que se anotan para quedar bien con la Presidencia, y hacen declaraciones contra el campo, hay de todo. Por ejemplo, el secretario Javier de Urquiza parece que el martes pasado llamó a varios dirigentes de las entidades: «¡Se tendrían que haber bajado del paro antes! Están muertos!», les habría dicho el funcionario. Rato después, desde la Plaza de Mayo, lo llamaron. «Escuchá qué ruidosos son los muertos», le habrían dicho. Al titular de la UIA, Juan Lascurain, no le va mucho mejor. Es que buena parte de la industria, especialmente metalúrgica y metalmecánica, tiene en el sector agropecuario a sus principales clientes y, por lo tanto, no comulgan demasiado con las críticas furiosas a este sector. Ni que hablar de otros, como el representante de los polleros, Roberto Domenech, que, a su vez, es vicepresidente de la Unión Industrial, o algunos funcionarios provinciales que siguen intentando algún equilibrio que los muestre funcionales a las pretensiones presidenciales.
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... que los problemas de fondo que está generando el conflicto ya comienzan a percibirse, más que en el desabastecimiento, en el corte de la cadena de pagos, justo a fin de mes, ya que hace al menos dos semanas que no se comercia. Esto empieza a provocar problemas de distinto tenor y en cascada. Pero aun ante tanto inconveniente y preocupación, siempre hay espacio para una sonrisa. Como muestra, tres ejemplos: los problemas que está teniendo el gobierno para trasladar, desde Azul, los 1.000 novillos de un feedlot para una cadena de supermercados. Dicen que cuando el secretario Guillermo Moreno presionó a los «feedloteros», la respuesta fue: «Sí, pero vos los venís a buscar». Y ahí andan deambulando hace 5 días. La segunda es una adivinanza: ¿Quién es el dirigente bonaerense, hiperquinético el hombre, que se hizo acreedor al mote de: «el sheriff», dada la capacidad -y calidad-que mostró para desanudar conflictos de tránsito con los camioneros en los cortes imponiendo autoridad, incluso, ante jefes de la Policía departamental? Una mención extra es sobre la cara de resignación con que los dirigentes de las entidades del campo ingerían el jueves churrasquitos quemados en la parrilla de Coninagro, mientras trataban de encontrar alternativas para su reunión con el gobierno. Pero el oro fue para el indescriptible vicepresidente de la Federación Agraria, Ulises Forte, cuando, en plena reunión en Casa de Gobierno, le sacudió al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, un: «A ustedes ya se les acabó el crédito, ¿con que 'cash' pensás pagar ahora?».
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