... que Guillermo Moreno llegó tarde otra vez mientras sonreían al enterarse de la entrevista que el controvertido secretario de Comercio Interior mantuvo con algunos empresarios del rubro de bolsas para silos. Aparentemente, el objetivo del funcionario era frenar las ventas que permiten fabricar los famosos « chorizos», en los que los productores guardan cada vez más granos, y así forzarlos a vender ya al mercado. Sin embargo, los hombres de campo se adelantaron y las necesidades para este año están más que cubiertas, pues desde que comenzó la protesta del campo hace ya dos meses, los agricultores agotaron casi los stocks para esta temporada. Otra vez será. Lo que también parece que tendrá que esperar es un nuevo récord de cosecha. La actual fue jaqueada especialmente por el clima (la soja estaría lejos de los 50 millones de toneladas que superó en otras campañas y rondaría apenas los 48 millones, mientras el maíz ascendería a sólo 20-21 millones) y la que debe arrancar en las próximas semanas lo hace en condiciones casi malas: seca, heladas tempranas, precios de los insumos en alza, falta de combustible y mucho malhumor.
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... que la verdadera protesta del campo no es la que reflejan hasta el cansancio los medios de comunicación, con tractorazos, asambleas y gente en las rutas de buena parte del país, sino el brutal freno de operaciones de compra y de venta que se registra en todo el interior, y no sólo en los productos que tienen que ver con el sector, sino en todos los rubros. La situación, previsible para cualquiera que conozca un poco a la gente del campo que para inmediatamente las operaciones ante cualquier duda o incertidumbre (y ahora de «eso» hay abundancia), sorprendió a los funcionarios nacionales y muchos provinciales, ahora muy preocupados por el corte de la cadena de pagos que se sigue agudizando en el interior. Para colmo, también en varios rubros industriales (frigoríficos, fábricas de maquinaria, insumos, usinas, etc.) la falta de actividad determinó el corte de horas extras, el otorgamiento de vacaciones adelantadas, y algunos temen que en breve se inicien los despidos ya que las perspectivas de ventas cayeron en forma más que significativa. Naturalmente, la actividad económica en el interior ya se resintió, y eso es lo que está preocupando a intendentes y mandatarios provinciales que no tardarán en reclamar, también ellos, al matrimonio Kirchner. Algunos, sin embargo, todavía resisten, como el justicialista chaqueño Jorge Capitanich, que no sólo repite el discurso que le dicta la Casa de Gobierno, sino que sigue sin recibir a los dirigentes del sector. Se le atribuye, incluso, haber fomentado hace unas semanas un piquete para que los dirigentes no pudieran llegar a una audiencia que no le quedó más remedio que otorgar. Algo similar pasa con su colega, también justicialista, el entrerriano Sergio Urribarri, aunque en este caso parece que ya probó el malhumor del campo. Es que quiso aumentar el impuesto inmobiliario para cubrir el déficit que, entre otras cosas, le generan las retenciones que le quita la Nación, y tuvo que postergar la medida por la furia que provocó. El mismo rechazo parece que cosechó el jefe de la bancada del PJ, el santafesino Agustín Rossi (que luce muy malhumorado últimamente), cuando intentó hacerles firmar a sus pares de la Cámara baja un testimonio de adhesión a la política nacional del gobierno. «Lo siento. Yo tengo que volver a mi pueblo», dicen que fue la respuesta que más escuchó, naturalmente, junto con la negativa a firmar tal papel.
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... que si de volver al pueblo se trata, tampoco le va muy bien al ministro del Interior, Florencio Randazzo, oriundo del oeste bonaerense. El hombre, obligado a hablar para salvar la postura oficial, casi ni puede comunicarse por teléfono con su pago. Tal vez por eso, el nuevo ministro de Economía, Carlos Fernández, sigue en silencio y les deja ese trabajo sucio a su homónimo de Jefatura de Gabinete y a Randazzo, aunque hasta ahora el saldo no los deja nada conformes. Es que todos los intentos oficiales por inclinar la opinión pública contra el campo fracasaron hasta ahora. La versión «golpista» original fue un fiasco, igual que la de «asesinos» de la Ruta 9 o la de «incendiarios» del Delta. Es más, el gobierno tuvo que dejar libres este fin de semana a los que había culpado por los incendios, pero sigue sin explicar por qué pasó la primera quincena de abril sin que controlaran los distintos focos de fuego que se multiplicaban. ¿La secretaria de Ambiente, Romina Picolotti, tendrá algo que decir al respecto, además de culpar a los productores por el hecho?, ¿o pensará que con el silencio todo se va a olvidar en unas semanas? También fracasó el argumento inflacionario, ya que los escándalos del INDEC fueron demasiado notorios como para que ahora pretendan que la inflación comenzó con la protesta del campo que se inició a mediados de marzo. Aun así, desde este fin de semana, en varias ciudades, incluida la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, comenzó una pegatina de afiches que con el título de «Basta de Mentiras» informa a la población sobre los precios que reciben los productores por los alimentos y lo que pagan los consumidores. «¿Quién se queda con la diferencia?», preguntan desde los multicolores afiches que alguien manda a tapar inmediatamente que aparecen.
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... que si bien el gobierno tiene más recursos, también se está quedando sin voceros, al margen de la baja del ministro Lousteau. Ahora, por ejemplo, tras el piquetero Luis D'Elía y la ex ministra de Economía Felisa Josefina Miceli, ambos silenciados en los últimos días, lo mismo que el otro Fernández, Aníbal, salió al ruedo el titular de la CGT, Hugo Moyano. El líder sindical, en un lugar tan poco frecuente para criticar al campo y tan poco común para un discurso de un dirigente gremial como es la Feria del Libro, no dudó en atacar fuertemente a los productores agropecuarios, aunque parece que el enojo le venía más por las bajas que está registrando en diversas agrupaciones de camioneros del interior, que prefieren inclinarse por el reclamo de sus clientes antes que por el mandato de su jefe gremial. Tampoco es fácil la situación del titular de Agricultura, Javier de Urquiza, que es otro de los que aparentemente ahora prefiere el silencio. «Voluntad puso, pero es apenas un secretario de Estado», dijo el líder de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, cuando salieron de la última reunión en Agricultura -de la que ya no participó Alberto Fernández- la semana pasada y decidieron recomenzar las medidas de protesta. Pero no en todos los casos a los que no hablan les va bien. Esta es la situación, por ejemplo, del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, que esta semana podría ser destinatario de una movilización de protesta en pleno centro platense, justamente por su falta de definición respecto del conflicto, aunque también afirman que hoy recibiría al presidente de CARBAP, Pedro Apaolaza. Ni siquiera a su especialista en la materia, el secretario Fernando Vilela, se lo vio u oyó últimamente.
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