Las empresas semilleras están aplicando una nueva herramienta para detectar y comprobar la presencia de semillas ilegales en el mercado. Esta técnica fue aplicada en diversos trabajos de investigación, obteniéndose una inequívoca y rápida identificación de las variedades de granos ya inscriptas y comercializadas en nuestro país y la misma está reconocida como elemento probatorio ante la Justicia para juzgar y castigar el robo y el comercio ilegal de semillas.
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Este accionar ilegal, que en Argentina es una práctica lamentablemente muy arraigada, es una preocupación permanente para las entidades agropecuarias y oficiales. La multiplicación, robo y comercio ilegal de semillas que viene incrementándose año a año, genera competencia desleal, evasión fiscal y un perjuicio económico que atenta el avance de la investigación y de la tecnología biológica en nuestro país.
De acuerdo a cifras aportadas por la Asociación Argentina para la Protección de las Obtenciones Vegetales (ARPOV) en 1999 el 40% de las semillas sembradas en la Argentina habían sido adquiridas en forma ilegal.
Un ejemplo representativo de esta realidad sería el siguiente. El trigo y la soja cubren en nuestro país una superficie aproximada de 16 millones de hectáreas, casi el 70% del total sembrado en la última campaña. En soja el 23% aportó y reconoció con su compra o regalía a quienes investigan y crean variedades. En trigo sólo el 34 %. Esto significa que 11 millones de hectáreas no aportaron al sistema y utilizaron o usufructuaron semillas que contenían genética en su composición.
El valor de una semilla no está en lo material (una bolsa de semillas) sino en algo intangible, que es la información genética completa de la variedad. Dicha Información permite, a partir de esa semilla, obtener un cultivo de mayores rendimientos, excelente estabilidad, con variadas resistencias y demás atributos pudiendo el productor acceder a un beneficio superior seleccionando una buena semilla y ser competitivo en un mercado globalizado.
Obtener una variedad de un cultivo es exactamente igual que un invento industrial: su obtención requiere como éste, ideas originales, técnicas adecuadas, creatividad, sistemas de conservación y de producción comercial y una fuerte inversión en investigaciones que requieren entre 9 y 15 años de trabajo.
Actualmente y gracias a los avances de la biología- la identificación de los "piratas de la semilla" ya no es un problema: la identificación varietal de las semillas por técnicas moleculares es una tarea sencilla, rápida, no es costosa y realizable por cualquier laboratorio estatal o privado.
Puede parecer un tanto extraña o difícil de entender, pero su uso es muy simple. Es precisamente la tecnología de marcadores moleculares la que se está utilizando exitosamente en los programas de mejoramiento genético, para obtener variedades de mejor calidad y más productivas.
Las técnicas se han simplificado tanto que hoy en día es casi tan simple identificar una variedad de un cultivo como leer el código de barras de un producto en un supermercado. Esta nueva herramienta permite analizar muestra sospechosas (planta entera, semillas, trozos de hoja) provenientes de campos de presuntos infractores o de bolsas "blancas" que contienen semillas ilegales.
Para su análisis las mismas son debidamente codificadas para preservar la objetividad del análisis y se acondicionan. En un plazo de una hora está extraído el ADN y listo para ser cuantificado y amplificado. Y en 24 horas se puede determinar en forma certera y precisa si la muestra analizada pertenece a un productor o multiplicador que ha cultivado o ha producido granos adquiridos en forma ilegal.
La aplicación de la normativa legal vigente y el reconocimiento de esta nueva técnica de identificación varietal para realizar las pericias adecuadas por parte de la Justicia contribuirán a identificar a los infractores y desarticular, o al menos, disminuir la piratería en las semillas.