26 de abril 2002 - 00:00

Estiman una reducción de 20% en cosecha de granos

La producción de granos argentina podría disminuir 20% en relación con lo logrado en el período anterior. En el corriente año se espera que sea de 67.200.000 toneladas de granos.

Hay que considerar que todavía se está cosechando girasol, maíz y soja, destacándose notables problemas climáticos, que van en desmedro de los rindes y de la calidad del grano.

Por eso, por el momento es sólo una estimación. Pero de darse estos guarismos, ya se calcula que la producción del próximo ciclo -aquel que comenzará la siembra en pocos días más- puede llegar solamente a 54.000.000 toneladas.

Esta disminución en la producción es significativa porque además de resultar 20% menor estamos hablando de una baja de 13.000.000 de toneladas -similar a una cosecha de trigo nacional-.

• Inconvenientes

Estos volúmenes están comenzando a intranquilizar a todos los componentes de la cadena comercial, ya que la disminución de producción trae aparejados múltiples inconvenientes.

A los comerciantes, acopios y corredores, el menor volumen hace que las comisiones bajen notablemente.

En los mercados de futuros, los registros de las operaciones también bajarán. Los exportadores tendrán menos volumen que vender afuera y, por lo consiguiente, menores ganancias, y por parte del gobierno nacional, las cifras de ingresos por divisas e impuestos también se verán fuertemente recortadas.

Y existen varios motivos que están ocasionando que se prevea semejante baja de producción.

El principal es la importante baja de la utilización de todo tipo de insumos
. Según cifras oficiales, la importación de insumos agropecuarios bajo 80% en relación con el mismo cuatrimestre del año anterior.

Específicamente los agroquímicos importados se vendieron 70% menos y los fertilizantes 95% menos que el ciclo anterior. Y esto ocurre porque todavía no se han abonado las deudas que tienen los productores con los importadores y, por ende, éstos no han pagado los créditos -sean en mercadería o en dólares- a los proveedores del extranjero.

Un poco por la incertidumbre del tipo de cambio y otro tanto por la falta de voluntad de algunos productores que no desean liquidar dichas deudas. «Si no pagan lo del año pasado, que el campo argentino se olvide de nuestro crédito...», decía con enojo un proveedor de agroquímicos de Europa.

La menor utilización de agroquímicos y fertilizantes hará que los rindes disminuyan notablemente y que la calidad comercial de los granos cosechados sea inferior a los obtenidos en períodos anteriores.


Además, se calcula que
disminuirá casi 70% la utilización de la siembra directa. Con menos uso del barbecho químico, se volverán a desarrollar los trabajos culturales de otrora, trayendo un retroceso en el cuidado de la erosión del suelo y la voladura de campos.

En este aspecto, la Argentina había avanzado mucho, protegiendo los campos de una degradación continua, que era la que venían sufriendo los terrenos en la década del '80.

Quizás el área de siembra no disminuya en la misma proporción que la producción esperada, pero la menor utilización de las posibilidades técnicas de los diferentes insumos hacen prever la importante baja de producción antes descrita.

También se debe considerar la menor utilización de las maquinarias de última tecnología, porque ante la rotura de alguna de sus partes los costos de reparación se deben calcular a valor dólar libre -piezas importadas-, haciéndose en muchos casos imposible realizar dicho arreglo.

• Crédito

También otro factor importante en la disminución posible de la cosecha 2002/03 es la falta de crédito que sufre el sector. Los bancos, los comerciales, los importadores, los semilleros, se encuentran prácticamente imposibilitados de dar crédito.

Al productor argentino se le hará muy difícil sobrellevar todos los gastos que conlleva encarar una siembra.

Además, los múltiples inconvenientes en la comercialización granaria -falta de mercados, negocios en negro, comerciantes que cierran- hacen que
muchos piensen en desistir de la siembra.

Todo esto sin considerar los posibles cambios en las políticas agropecuarias -probables aumentos en las retenciones- y los reiterados inconvenientes climáticos.

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