31 de enero 2002 - 00:00

Mercado de granos transita por una difícil situación

Fuera de las comunes definiciones que dice y acepta la mayoría de los partícipes del comercio de granos de la Argentina, hablando de la peor crisis económica y financiera que abruma al sector, las situaciones que se están viviendo desde el 20 de diciembre del año pasado en lo concerniente a las ventas y compras de los cereales y oleaginosos son verdaderamente increíbles. Porque además de tener que lidiar con las condiciones de venta, el tipo de cambio, las facturas y los pagos, los productores ahora se encuentran con la decisión de los exportadores de retirarse del mercado granario. En buen castellano significa que los exportadores no piensan comprar cereales en nuestro país ni vender al extranjero aquello que deberían comprar. En realidad, están aplicando presión al gobierno y no a los productores, pero como generalmente ocurre, lamentablemente se perjudica frontal-mente a los componentes del primer eslabón de la cadena de comercialización: los generadores del producto. La decisión de no participar del mercado de granos produjo una gran desorientación en acopiadores, cooperativas y corredores, quienes se encuentran sin saber cómo vender la gran cantidad de trigo que existe de oferta inmediata. Recordemos que de los 16.500.000 toneladas de trigo cosechadas, solamente se han podido comercializar 4.500.000.

También se debe considerar que con la «desaparición» del Mercado a Término de Buenos Aires -por ahora momentánea-, se perdió mucho de la transparencia y referencia de precios que tenía y caracterizaba al mercado de granos nacional. Ahora las ventas se hacen por acuerdos de partes y según cada zona, cotización y condiciones de compra. El trabajo es más tedioso y menos transparente, ya que los corredores y operadores comerciales deben realizar muchos más llamados para poder concretar los negocios.

· Diferencia

En relación con los precios -en la mayoría de los casos-, no son los que aparecen publicados, difiriendo estos notablemente con la realidad de los negocios concretados. Se puede vender con pago en LECOP, patacones y pesos. Los negocios varían de acuerdo con la fructífera imaginación de cada comprador, en especial cuando se habla de contratos con fijación de precios a futuro -o sea, el precio se concreta más adelante-. «Si me ofrecen cobrar en rupias turcas y me lo pagan billete sobre billete, yo acepto...», decía con una cuota de humor un productor de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. El primer objetivo es poder comenzar a vender el trigo ya cosechado y empezar a realizar las cobranzas y pagos. Pensemos que falta poco para el comienzo de la cosecha de girasol, y la cadena de pagos del sector agropecuario no se encuentra cortada, sino directamente destruida. Muchos operadores buscan cobrar sus acreencias ofreciéndoles a los productores que cancelen esas deudas entregando cereal. Es ésta una muy buena posibilidad para el productor de terminar con una deuda que puede perjudicar el movimiento normal futuro de la explotación, sin tener que discutir pagos, monedas, ni plazos, ya que la mercadería la tomarían al valor comercial en dólares, al cambio oficial.

Los exportadores intentan, con su retiro del mercado, presionar al gobierno nacional para que se defina sobre los reclamos realizados, principalmente la devolución del IVA (se estima más de 800 millones de pesos) y la definición sobre el factor de convergencia. Bien saben los exportadores que una de las cartas de triunfo que tiene el gobierno nacional es el ingreso de divisas que ocurre todos los años en el primer trimestre por las exportaciones de cereales y subproductos, llegando éstas a cifras cercanas a los 9.000 millones de dólares. Con esta cantidad de dólares que entrarían en el país y la falta de pesos circulantes, el gobierno se aseguraría que la cotización del dólar libre no se escape a valores impredecibles. Muchos técnicos opinan que hasta puede ocurrir que las cotizaciones del dólar libre lleguen a los niveles de la cotización del dólar oficial. Por eso, la sorprendente firmeza en la postura de los exportadores ante la falta de respuestas del gobierno a los reclamos antes mencionados. Sencillamente, si los exportadores no exportan, no entran las divisas en el país.

Lamentablemente, estamos llegando al final de una situación complicada, porque Brasil se encuentra con un stock de 25 a 30 días de trigo para abastecer a sus industriales molineros. Si esa falta de ventas al extranjero continúa, estamos cerca de que el vecino país cambie las protecciones arancelarias existentes y permita así adquirir el cereal que necesitan a cualquier país oferente del mundo. La incógnita es: cuando esto ocurra y perdamos al mayor comprador de trigo argentino, ¿quién será el verdadero culpable de esta situación? ¿El gobierno nacional o los exportadores? Porque hemos visto cuán sencillo es perder mercados de compra en el extranjero por inoperancias y malas decisiones de gobernantes, autoridades y empresarios -caso aftosa-, y cuán difícil es recuperar esos mercados perdidos.

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