6 de febrero 2002 - 00:00

Por débiles controles en fronteras peligra la seguridad alimentaria

En la frontera brasileña, los vehículos deben pasar líquido desinfectante antes de ingresar al país vecino
En la frontera brasileña, los vehículos deben pasar líquido desinfectante antes de ingresar al país vecino
Los escasos controles fronterizos que se están realizando en la actualidad hacen surgir la posibilidad de que aparezcan nuevos inconvenientes en relación con la seguridad alimentaria en la Argentina. Con poca sorpresa, se recibió en el sector agropecuario la noticia de la aparición de un brote de aftosa en la localidad de Vicuña Mackena, provincia de Córdoba. Y, a pesar de que el SENASA haya organizado un rifle sanitario mediático en el establecimiento comprometido, las posibilidades de que aparezcan nuevos brotes en localidades de otras provincias son verdaderamente importantes. Porque, fuera de los problemas de vacunación existentes y de los pocos controles que se realizan en todo el interior de nuestro país, un punto problemático son los pasos fronterizos. Lamentablemente, en casi todos los lugares por donde se ingresa y egresa en nuestro país por tierra, prácticamente no existen los controles sanitarios. Esto está pasando en casi todas las provincias que limitan por tierra con algún país.

Por caso, en el paso fronterizo de Iguazú -Foz de Iguazú, en la provincia de Misiones se debe esperar que la Gendarmería se tome su tiempo -verdaderamente, demasiado-para realizar los controles pertinentes a la documentación de las personas que van en los vehículos. Algo incomprensible, ya que la única tarea es ingresar los números de los documentos en una computadora y verificar que la persona que quiere pasar no tenga ningún tipo de problemas con la Justicia.

Luego de pasar inmigraciones, se entra en el lado brasileño.

Allí no existe control alguno sobre la documentación, pero obligan a bajar del vehículo a todos los pasajeros, y uno a uno deben pisar unas alfombras de gomaespuma que contienen un líquido que moja las suelas de los calzados. Supuestamente, este líquido es un desinfectante que garantiza la lucha contra diferentes enfermedades, en especial, contra la aftosa. Además, el vehículo debe pasar obligatoriamente por una batea llena del mismo producto, donde se mojan bien las ruedas y el piso.

· Más atención

Por lo visto, a pesar de que lo que se realiza suena a escaso, al menos los brasileños prestan un poco más de atención a las posibilidades de que ingrese una enfermedad por estos medios. Al reingresar en la Argentina, se vuelve a sufrir el mismo «retraso» de verificación de la documentación, que, en algunos momentos del día, llega a más de media hora. Luego de esto, una persona que no se identifica ni con un uniforme ni con una credencial detiene a los vehículos para revisar el baúl. Este personaje se asoma al interior de la caja mirando si viaja algo extra-ño. Con un «todo bien», autoriza a continuar el viaje. No se sabe si se trata de un empleado de aduana, Gendarmería, SENASA, Ejército de Salvación o alguien que está ganándose unos pesos. Porque no demuestra ningún tipo de profesionalismo desde el aspecto de cómo se debería hacer un control de tanta importancia. «Si pasás con un chancho sentado de copiloto, no pasa nada...», comentaba con humor un lugareño. Porque este tipo de controles no verifica si se está ingresando con alimentos frescos, con frutas, con verduras, con embutidos, con pedazos de carne cruda o cocida.

Deberíamos intentar copiar controles de otros países que son verdaderamente eficientes. Por ejemplo, Chile, que luego de 25 años de luchar contra la mosca de la fruta, logró erradicarla y, en la actualidad, realiza exhaustivos controles a todas las personas que entran en ese país. Muchas veces, pueden ser odiosos, en especial, cuando se decomisan productos, pero son necesarios para evitar que las enfermedades que fueron erradicadas con tanto trabajo no vuelvan a presentarse. El riesgo de que nos encontremos con brotes de cualquier enfermedad en nuestro país está más latente que nunca. Esto que hemos descrito en un paso fronterizo está ocurriendo en casi todos los lugares de ingreso y egreso en nuestro país. Es hora de intentar ser un poco más serios, para poder demostrar al mundo que, de una vez por todas, la Argentina desea mantener status logrados con esfuerzo y dinero de mucha gente. Porque después tenemos que lamentar las pérdidas de los mercados y buscamos -sin encontrarlos con nombre y apellido-a los culpables de que ocurran estas cosas. Varias son las plagas y enfermedades que nos dejan fuera de muchos mercados extranjeros, como la mosca de los frutos, la carpocapsa, la aftosa y otros más. Esperemos que no aparezcan otras, que por su gravedad pueden catapultar a nuestro país hacia el ostracismo internacional.

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