15 de noviembre 2004 - 00:00

Una alianza estratégica y necesaria para el campo

El Foro de la Cadena Agroindustrial se lanza mañana con la participación de 40 entidades de la producción primaria e industrial. Buscarán posicionarse frente a la sociedad como un bloque unido, pese a que hay muchos temas que los enfrentan. La Sociedad Rural Argentina es una de las entidades que han impulsado la conformación de este conglomerado de entidades.

La población mundial está en constante aumento, por lo que el consumo de alimentos está en constante crecimiento.

Según todas las proyecciones y estimaciones de los organismos internacionales, Europa, Asia -especialmente China y la India, entre otros países-, Africa y Sudamérica -mayormente Brasil- incrementarán en los próximos años sus demandas. La Argentina, con una población de menos de 40 millones de habitantes produce hoy alimentos para 300 millones.

Somos los primeros exportadores del mundo de harina y aceites de soja y girasol; los segundos de maíz; los terceros de poroto de soja; los cuartos de sorgo; los quintos de trigo y los sextos de semillas de girasol. Sólo en granos producimos 2 toneladas por habitante (600% más que el promedio mundial).

También somos los primeros exportadores de jugo concentrado de limón, de miel y de peras; los segundos, de limones y limas; los cuartos, de jugo concentrado de manzana y los decimoprimeros, de jugos de naranjas y de manzanas.

Nuestras carnes y nuestros vinos son reconocidos mundialmente; vendemos también lácteos; productos envasados de las economías regionales y pescado, entre un innumerable universo de productos exportados.

Y aún tenemos potencialidad para crecer. La Argentina está en condiciones de atender más y mejor los requerimientos de alimentos y fibras de la población mundial, aparte de abastecer nuestra propia demanda.

Los consumidores requieren productos de alta calidad, sanos, diferenciados y que brinden garantías de seguridad. El sistema de subsidios ha hecho que se aumenten artificialmente las producciones de los países desarrollados. La competencia se ha vuelto desigual y desleal, más parecida a un campo de batalla que a un mercado.

• Replanteo

Este cuadro de situación hace necesario un replanteo de la producción agropecuaria y agroindustrial argentina. Las ventajas comparativas de antaño no son suficientes, necesitamos ventajas competitivas. Es imperativo generar las condiciones para atraer nuevas inversiones que complementen la capacidad instalada.

El PBI agropecuario es del orden de 20% del total del producto argentino. La cadena agroindustrial es la mayor generadora de empleos del país, con 36% de la mano de obra ocupada. Sólo el agro, por derechos de exportación tributa más de 6.000 millones anuales. Las exportaciones del sector se ubican en el orden de los 17.000 millones de dólares, 56% del total de ventas al exterior.

Es necesario armar una alianza estratégica entre el sector privado y el público.

Cuarenta instituciones representativas del sector han conformado el Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina, que mañana tendrá su lanzamiento formal. El sector privado argentino está reaccionando con madurez y ha sentado las bases para el trabajo conjunto, dejando de lado las diferencias, uniéndose para el desarrollo del país.

Es preciso que el gobierno acepte trabajar con el Foro de la Cadena Agroindustrial Argentina en la búsqueda de soluciones a problemas concretos, y en la planificación de modelo de país futuro.

La Sociedad Rural Argentina ha apoyado desde su origen esta iniciativa, en el convencimiento que es la vía idónea para aunar voluntades en pos de una Argentina mejor.

Nuestro sector está en condiciones de aceptar el desafío de cambiar la grave situación por la que pasan millones de compatriotas. Somos el sector más dinámico de la economía del país y podemos ser pivotes del desarrollo.

Para acelerar los cambios necesitamos un Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentos; un SENASA al servicio de la producción, un INTA que investigue y haga extensión; una reforma fiscal que simplifique el sistema, facilite el control, desaliente la evasión y promueva la inversión y la producción; que se deroguen los impuestos distorsivos como las retenciones y el Impuesto a los Débitos Bancarios; un sistema financiero al servicio de quien produce; políticas de Estado que fijen pautas claras y estables; un Estado fuerte que nos otorgue seguridad, fije reglas de juego de libre competencia, regule los servicios públicos y legisle el cuidado de la salud y el medio ambiente.

Todas las cuestiones descriptas deben ser debatidas a fondo, sin prejuicios, sin mezquindades y con el Norte puesto en conseguir hacer de la Argentina un país sin marginados y sin pobreza, cumpliendo con nuestro destino de grandeza.

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