Campo y gobierno deberían buscar planes estratégicos
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Sin embargo, las medidas unilaterales y erráticas no representan una solución perdurable y restan previsibilidad para la planificación seria de las actividades productivas, ya sea la ganadería, la lechería, los cultivos extensivos o intensivos, de la pampa húmeda o de las economías regionales; primarias o industriales.
Para resolverlo, es urgente que haya una gran mesa para el diálogo, donde a través de una discusión franca e inteligente puedan alcanzarse soluciones y consensos que aseguren reglas de juego claras que promuevan la inversión genuina en capital de trabajo, tecnología y capacitación, así como la generación de puestos de trabajo.
Sólo así se logrará el crecimiento sostenido de la producción, lo que permitirá atender tanto las impostergables necesidades internas como la creciente demanda de alimentos y otros productos de origen agroindustrial por parte del mundo entero, porque estaremos «agrandando la torta» en lugar de seguir tironeando por la porción que queda.
Ha llegado el momento de que el gobierno, los eslabones de la cadena agroindustrial y la sociedad en su conjunto tomen conciencia de que el futuro de la Argentina y la integración al mundo depende en gran medida del crecimiento de la agroindustria, como motor de las soluciones de fondo de nuestro país.
ACTA, que agrupa a las cámaras empresarias proveedoras de insumos (fertilizantes, semillas, productos fitosanitarios y veterinarios) y maquinaria agrícola, tiene la firme convicción de que ése es el camino correcto e indispensable.
Para ello, resulta necesaria una política de Estado en el mejor sentido, es decir una política que involucre y participe tanto a los productores como a los consumidores, tanto a los generadores de bienes y servicios como a los destinatarios de los mismos.
Que resalte las coincidencias por encima de las diferencias,que cohesione en lugar de dividir y que participe en lugar de obligar, proveyendo un marco jurídico adecuado para impulsar la producción, así como la creación, la investigación y los desarrollos tecnológicos.
Una política que priorice la educación y el conocimiento, donde la tecnología no sea una limitante sino un promotor de bienestar y potenciadora del desarrollo humano. Que fomente la inclusión e integración social, ya que sólo así tendremos una república vigorosa y una democracia participativa.
Porque este mundo cada vez más tecnológico y competitivo reclama recursos humanos con conocimientos y habilidades crecientes.
Los países que invierten fuertemente en educación, investigación y desarrollo no sólo son más competitivos. También son más libres, dignos e íntegros.
Estamos en las vísperas de un nuevo año en el que vamos a renovar las expectativas, y donde todos los ciudadanos participaremos en el saludable ejercicio de consolidar nuestro compromiso con la democracia a través del sufragio.
Será un buen momento para reflexionar, articular esfuerzos y recorrer juntos un camino que seguramente nos llevará a buen puerto.
Ya es tiempo de recuperar valores compartidos, de dialogar con inteligencia, perseverancia y buena fe entre las partes, de generar propuestas concretas y, por sobre todo, de trabajar pensando en el futuro del país.
Esto es algo que debe comunicarse a los cuatro vientos porque es una excelente oportunidad que no debemos dejar pasar, precisándose para ello, un cambio de actitud que nos permita salir del estancamiento, para entrar en un círculo virtuoso basado en las sinergias.
Entonces, podremos decir que muy pronto dejaremos atrás la «hora fría» porque estará saliendo de nuevo el sol que nos iluminará a todos. Brindemos para que así sea.



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