Algo tan cotidiano que está presente en objetos, pantallas y paisajes cotidianos, pero que en verdad no existe. Increíble pensarlo pero es así, el morado no corresponde a una longitud de onda propia del espectro visible.
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¿Por qué el color morado realmente no existe, según científicos?
La ciencia explica que su percepción responde a un proceso de interpretación del cerebro humano
El morado es el resultado de una interpretación cerebral ante la combinación de señales luminosas
La percepción del color suele asumirse como una respuesta directa a la luz que llega a los ojos, pero el caso del morado introduce una excepción relevante. Desde el punto de vista físico, este tono no figura entre los colores espectrales, es decir, aquellos que se asocian a una longitud de onda específica dentro del rango visible. A diferencia del rojo, el verde o el azul, el morado no puede identificarse como una radiación electromagnética única.
El motivo por el que el color morado no existe
Este fenómeno se explica por la forma en que el sistema visual procesa la información. El ojo humano capta estímulos luminosos que luego son interpretados por el cerebro, encargado de construir la experiencia cromática. En ese proceso, el morado aparece como una solución perceptiva ante señales que no encajan de manera directa en el espectro, lo que lo convierte en una creación neurológica más que en un color físico autónomo.
En términos simples, no hay un “fotón morado”. Lo que ocurre es una combinación de estímulos provenientes de los extremos del espectro visible, principalmente el rojo y el azul, que el cerebro integra como una única experiencia.
La explicación se apoya en el funcionamiento de los conos, las células fotorreceptoras de la retina. Los humanos cuentan con tres tipos de conos sensibles a longitudes de onda asociadas al rojo, al verde y al azul. A partir de la proporción y la intensidad de las señales recibidas, el cerebro interpreta una amplia gama de colores.



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