Economía

De la Cumbre del G20 al D22 ("default" de deuda en 2022)

La reunión de los mandatarios de las primeras potencias mundiales en la ciudad de Buenos Aires genera expectativa de un nuevo empujón externo a la alicaída economía argentina. Tras el aire fresco de los fondos del FMI que permitieron estabilizar el mercado cambiario y alejar temporalmente el fantasma del default, los funcionarios del gobierno del presidente Mauricio Macri se entusiasman con que el arribo de los principales mandatarios del mundo reviva el frustrado sueño de una “lluvia de inversiones”.

Pero los sueños de una reactivación externa chocan con la realidad de un modelo económico agotado. Si las inversiones externas no arribaron cuando la economía argentina disfrutaba de abundante financiamiento internacional y cierta reactivación interna, nadie en su sano juicio espera que vengan con un mercado de crédito cerrado y una actividad productiva sacrificada en el altar de las exigencias del FMI. Mucho menos cuando la política de deuda acordada con el fondo tiene implícito un default de la deuda en 2022 (D22), si no hay una previa reestructuración, o una renegociación de un nuevo acuerdo con el fondo.

Es difícil que el año próximo electoral la corrida cambiaria no retome el ritmo que supo tener hace unos meses.

El acuerdo con el FMI prevé desembolsar el 90% de los fondos acordados durante el mandato de Mauricio Macri. En el último trimestre del 2018 están ingresando fondos por u$s 12.672 millones, de los cuales resta esperar el desembolso de u$s 7.260 en diciembre. Para el período hasta octubre de 2019 ingresarán fondos por u$s 20.592 millones. Luego, entre octubre de 2019 y 2020 ingresarán algo más del 9% de los fondos restantes. Y partir de 2021 el saldo comenzará a ser deficitario, debiendo Argentina pagar las amortizaciones.

Los años más complejos de vencimientos son 2022 y 2023, donde el acuerdo con el FMI implica pagos por u$s 21.183 millones y u$s 22.294 millones respectivamente.Tomando en cuenta otros vencimientos de deuda en moneda extranjera, los vencimientos para esos años rondan los u$s 40.000 millones. Un escenario que fuerza la negociación de un nuevo acuerdo con el fondo y/o una reestructuración de la deuda, para intentar evitar el default.

Con ese horizonte de mediano plazo, la estabilidad cambiaria recientemente lograda debe entenderse como una pausa al calor del ingreso de los dólares del FMI y las altas tasas en pesos, que favorecen la realización temporal de la bicicleta financiera (carry trade). Pero no como una solución al problema estructural de sobre-endeudamiento y déficit estructural de dólares. Como corolario de todo ello, es difícil que el año próximo electoral la corrida cambiaria no retome el ritmo que supo tener hace unos meses. Mucho más cuando la recesión económica golpeará las posibilidades electorales del oficialismo.

De ser así, en lugar de una baja de las reservas de u$s 4.691 millones para todo 2019, tal como prevén las proyecciones del FMI, las mismas podrían caer entre u$s 20 y 30.000 millones, dejando un nivel de reservas a su sucesor de entre u$s 26 y 36.000 millones. Eso siempre que se logre evitar el contagio de la corrida cambiaria al sistema bancario, donde una salida de plazos fijos del sistema podría tener consecuencias aún más graves. Por suerte, la experiencia de corrida cambiaria del presente año, demostró que los ahorristas mantienen por el momento la confianza en el sistema bancario, siendo los retiros de depósitos relativamente menores.

Tales escenarios son propios de una crisis estructural para nuestra economía insuperable a través de ajustes fiscales o devaluaciones contractivas. Las necesidades de dólares financieros en nuestro país parecen no tener una solución de mercado en el mediano plazo. El nuevo acuerdo con el FMI sólo pospuso temporalmente el fatal desenlace.

* Director CESO

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