Argentina mostró otra cara, pero se llevó un empate ante Brasil con sabor a injusto
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Di María, uno de los abanderados del atque argentino
A los 32 minutos llegó el merecido premio: Di María le metió un espectacular pase al fondo a Gonzalo Higuaín, que hizo la diagonal por la espalda de la defensa, levantó la cabeza y lo vio a Lavezzi, que entraba por el medio del área entre los confundidos centrales brasileños para rematar con alma y vida ante un desguarnecido Alisson para inflar la red y poner el 1-0.
En el minuto 40 avisó Brasil con un centro de William que cabeceó David Luiz y se perdió por arriba del travesaño. Los visitantes sólo lograron acercarse al arco defendido por Serio Romero a fuerza de pelotazos que no llegaban a destino, o morían en los brazos del exRacing.
Argentina arrancó la segunda parte con la misma actitud que en la primera, y hasta un poco más agresivo, con intenciones de cerrar el duelo. Al minuto nomas del saque del medio, Banega reventó la pelota contra el palo, luego que le quedara un revote de un tiro que el mismo efectuó y se la tapó el arquero.
De golpe, llegó un baldazo de agua fría: una desatención posibilitó que Duglas Costa, recién ingresado, cabecee sólo en el segundo palo y estrelle la pelota en el travesaño, quedándole el rebote a Lucas Lima, que definió cruzado para igualar el pleito a los 13 minutos del segundo tiempo, en lo que era un premio muy grande para un pálido Brasil y un gancho a la mandíbula que Argentina no esperaba.
El gol desacomodó un poco a los dirigidos por Martino, que acusaron el golpe. A los 16, Nicolás Otamendi llegó tarde a la disputa de una pelota en mitad de cancha con Neymar y se ganó la amarilla. A eso se le sumaron varias imprecisiones con la pelota en los pies y la falta de claridad para cristalizar situaciones de juego. Igualmente, vale destacar que el equipo no perdió la línea y continuó disputando el encuentro con el mismo temperamento que antes del tanto brasileño.
Brasil comenzó a animarse y a merodear por el arco de Romero ante una defensa que quedó mal parada en reiteradas oportunidades. A los 24 minutos, Martino metió mano en el equipo por primera vez en el equipo para revertir la situación y mandó a la cancha a Nicolás Gaitán por Lavezzi, sin conseguir los resultados esperados.
A los 32 recién la Selección mostró reacción, gracias a una serie de pases a un toque, que finalizaron en un centro muy preciso de Marcos Rojo que dejó a Higuaín de cara al gol, situación que el delantero del Napoli dilapidó tomando una mala decisión y le pifiandole a la pelota con su pierna derecha cuando la jugada pedía que definiera con un frentazo.
Las imprecisiones se sumaban, Roncaglia y Mascherano se ganaron la amarilla para cortar contragolpes de Brasil. Martino tomó nota de esto, metiendo dos modificaciones a la vez: a falta de 10 minutos, Erik Lamela ingresó por Banega y Paulo Dybala por Higuaín.
Los cambios le dieron el oxigeno deseado al equipo, que se adelantó varios metros en el campo de juego. Otamendi de cabeza se perdió el segundo y varias situaciones se diluyeron a escasos centímetros de la zona de gol. A esto se le sumó la expulsión de David Luiz por doble amarilla a falta de tres minutos y la explosión de la gente, que por primera vez se hizo sentir y empezó a empujar al equipo para adelante. Pese a estas situaciones, el partido se esfumó en un empate con sabor a injusticia.
Argentina continúa sin ganar en estas Eliminatorias camino a Rusia acumulando apenas dos puntos sobre 9 disputados, pero ahora el panorama es otro, permite ilusionarse. Martino superó una importante prueba de carácter donde demostró ser capaz de estar a la altura de la consustancias a pesar de no tener a sus mejores actores, pudiendo ser pragmático, algo que se le había reprochado tras las primeras dos presentaciones. Habrá que esperar para ver que sucede ante la complicada Colombia de Néstor Pekerman, pero ahora el futuro toma nuevas tonalidades.




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