1 de diciembre 2011 - 22:00

Argentina quedó lejos del sueño y ahora depende de una hazaña

Del Potro no pudo con Ferrer y ahora Argentina depende de una hazaña.
Del Potro no pudo con Ferrer y ahora Argentina depende de una hazaña.
El comienzo del sueño por la Ensaladera de Plata se tornó cuesta arriba para la Argentina. Se sabía que enfrentar a Rafael Nadal, en su tierra y sobre polvo de ladrillo, sería una empresa complicada. Y, efectivamente, las predicciones se están concretando. Pese al empeño de Juan Mónaco por neutralizar el juego de su adversario, el N°2 del mundo se impuso en el primer set por 6-1.

El primer game ilustra muy bien lo que fue el partido. Mónaco sacó pero tardó nueve minutos en sumar el primer game, en el que tuvo que salvar tres chances de quiebre. Ese fue el único punto que pudo concretar el tandilense. De allí en más, todo fue de Nadal. Apoyado en su derecha pesada y temible y en su velocidad de piernas casi inigualable en el circuito, avasalló al argentino. Y aprovechando tres chances de quiebre sobre nueve (contra ninguna de Pico), le alcanzó para abrochar el primer parcial.

El segundo capítulo insinuaba una incipiente mejoría para Mónaco. Es que volvía a ganar un punto después de siete games perdidos consecutivamente. Sin embargo, fue un espejismo, apenas una concesión que le hizo el adversario. Entusiasmado por un estadio la Cartuja muy concurrido, Nadal siguió desplegando su mejor versión, sólo comparable con la que lo llevó a conquistar este año Roland Garros cediendo apenas tres sets en todo el certamen. El tandilense procuraba jugar sobre la base de la cancha pero la profundidad en los tiros del mallorquín lo obligaba a retrasarse demasiado.

El cuarto game sirve para entender cuán difícil se le hizo a Mónaco el match: dispuso de ocho tiros ganadores para conservar su saque y no le alcanzaron. Nadal contraatacaba, devolvía todo. Manejó cada ataque con una mejor devolución, que desairaba a su rival. Los ocho winners y apenas seis errores no forzados del ex N°1 del mundo, son un dato duro que explican el desarrollo del partido. Casi sin despeinarse, Rafa repite score y toma ventaja por 6-1 y 6-1.

El inicio del tercer set mostró la faceta humana de Nadal, quien luego de un arranque demoledor ingresó en un bache que llamó la atención de propios y extraños. Claro que sus baches se tratan de un juego normal de cualquier tenista. De todos modos, era la ocasión propicia para que Mónaco se soltara y tratara de decorar el marcador.

Sin embargo, el recreo del español duró apenas cuatro games, con dos juegos por lado. En el quinto, el público local se sacó la modorra y se levantó de sus butacas tras un intenso rally: Pico ensayó una espectacular palomita pero no le bastó para vulnerar a Rafa, que definió (y quebró el saque) con una gran volea de revés que desparramó a su adversario. A partir de entonces, regresó el Nadal fenomenal de los dos primeros sets.

Volvió a tomar sin vacilaciones las riendas del match. Una nueva ruptura del servicio en el séptimo game lo colocó 5-2, a tiro de otorgarle el primer punto a España. La definición llegó por decantación, tras un error no forzado de Mónaco. Fue 6-1, 6-1 y 6-2 en dos horas y 27 minutos. Un show de Nadal que no dejó dudas sobre su estirpe copera, sin importarle el rival que tenga enfrente.

El efecto "Nadal" se propagó en el segundo punto. Estimulado por el gran arranque de España, David Ferrer ganó el primer set por 6-2 ante Juan Martín Del Potro. De entrada era una incógnita cuál sería la estrategia que adoptaría cada uno.

Los primeros tres games sirvieron para estudiarse mutuamente. Era un duelo de derechas y de reveses sin mayores desequilibrios para ningún protagonista. Hasta que en el cuarto se produjo el desequilibrio: Ferrer ganó en profundidad con su drive y Delpo empezó a mermar con su revés. El N°5 del mundo sacó ventaja de 3-1 y comenzó a solidificar aún más su juego.

Para colmo, un arma tan preciada para el tandilense como su saque no funcionó: sólo logró el 50 por ciento de los puntos con su primer servicio, demasiado poco ante un rival tan sólido. Ferrer tomó nota de las debilidades de Juan Martín y lo hizo correr por todos lados, aprovechándose de sus devoluciones cortas.

Además, en el séptimo juego, malogró dos situaciones inmejorales para arrebatarle el saque a su adversario. En consecuencia, con el español 5-2 arriba en el marcador, Del Potro se vio obligado a sostener su saque e ir a la caza por el de su adversario. Lejos de concretarlo, falló un revés y le sirvió en bandeja el primer parcial a Ferrer.

En el segundo set, levantando el porcentaje de primeros servicios, Del Potro emparejó el match. Sin desesperarse, ganó en profundidad y en velocidad y le jugó de igual a igual a un Ferrer que levantó el pie del acelerador. El rédito lo encontró en el quinto game, luego de un error de derecha del español. Pero cuando parecía que la cosa se encaminaba para el tandilense, su rival volvió a engancharse con el match.

Sin arriesgar demasiado, obligó a Delpo a jugar una pelota más. El score se puso 4-4 y los dos empezaban a sentir las responsabilidades adicionales, lo que los hizo fallar más de la cuenta. Tal vez, si el pupilo de Franco Davin hubiera estado más fino otra hubiera sido la historia. No aprovechó el quiebre a favor ni la chance de romper para sacar 6-5.

En ese contexto, la definición del set se prolongó al tie-break, donde Juan Martín salió a buscar el partido con saques ganadores y derechas punzantes. Se impuso con un contundente 7-2 en el tie-break, tras un revés paralelo inalcanzable para Ferrer.

Con el pie izquierdo, Del Potro inició el tercer capítulo. Luego de un tie-break desgastante físicamente, Ferrer lo pasó en velocidad para invertirse, pegar y quebrar de entrada. Rápidamente se puso 3-1 y la balanza parecía inclinarse a su favor, ante el cansancio visible del tandilense. Pero en el sexto game, surgió aquel jugador que supo ganar el US Open hace dos años y doblegar al serbio Novak Djokovic hace casi tres meses en las semifinales de la Davis. Con el corazón caliente y los nervios templados, recuperó el quiebre tras una bola que pegó en el fleje y entró para el 3-3.

Con su saque endiablado (le dio 73% de los puntos) y una sensible mejoría en su revés, que incomodó a Ferrer, Del Potro ratificó su recuperación y se puso 4-3. Lo que sucedió después fue un festival de derechas para el argentino. Bien profundas, anguladas e invertidas. Un nuevo quiebre para situarse 5-3 y servir para el set. Sin titubear, volvió a martillar a un español aturdido y errático, que tuvo 8 winners contra 11 errores no forzados, contra 18-13, respectivamente, de la Torre de Tandil, lo que marcó la pauta del parcial.

El cuarto set fue un calco del tercero, con Ferrer tomando la iniciativa desde el inicio y Del Potro fallando. Una doble falta del tandilense le facilitó el trámite al español, que se puso 3-1. Pero una vez más, resurgió. Aguantó como pudo el tiroteo del N°5 del mundo y recuperó el quiebre.

El denominador común entre ambos era la entrega física. Pese al agotamiento, ambos seguían luchando como si estuvieran disputando el primer game del partido. En los mejores momentos del tandilense, el local se las rebuscaba para neutralizarlo y que no se entusiasmara. Conservó su saque hasta el final y, sin ponerse nervioso, aguardó su oportunidad. Y lo consiguió en el 10° game. Del Potro cometió el pecado capital de hacer una doble falta con un break en contra.

En el set decisivo, Ferrer puso toda la carne en el asador, entusiasmado por haber obtenido ajustadamente el parcial anterior. Con mucha paciencia, expuso su mejor versión, que lo ubican en el quinto escalón del ranking mundial: su juego físico desgastante y su mentalidad granítica. Sacó jugo al máximo del inocultable cansancio de Del Potro. Con facilidad se puso 5-1 en ventaja. No obstante, la Torre de Tandil nunca tiró la toalla y descontó un par de games.

Un drive que entró con lo justo le permitió a Ferrer festejar como si hubiera conquistado un Grand Slam. Y no es para menos. España se ubica 2-0 en la final y el público del estadio de la Cartuja, en Sevilla, aguarda expectante el dobles de mañana.

Para la Argentina, es una daga directa al corazón, que la deja al borde del abismo. Sólo un éxito mañana de David Nalbandian y Eduardo Schwank ante Fernando Verdasco y Feliciano López levantaría un poco el ánimo y devolvería un poco las esperanzas.

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