15 de enero 2001 - 00:00

Bienvenidos a la fiesta del tenis

El título no cambia porque el Australian Open, que hoy comienza en Flinders Park en el estadio Rod Laver, es una verdadera fiesta. Es el primero de los cuatro torneos que componen el Grand Slam (léase la elite del tenis internacional).

Australia, país con historia si los hay, es después de Wimbledon en donde más se vibra con el tenis. La pasión es tal, que al igual que en «La Catedral», las entradas se agotan con mucha anticipación.

La superficie de «rebound ace» es una especie de cancha de velocidad intermedia con aspecto de cemento, pero con una superficie final de caucho, lo que hace que la pelota pique más fuerte que en el cemento.

El mapa de los favoritos tiene a Gustavo Kuerten como número uno del mundo y principal favorito; a Marat Safin, segundo en la clasificación; y a Andre Agassi, que cada vez que se juega un gran torneo hay que ponerlo entre los candidatos.

Yevgeni Kalfelnikov fue finalista el año pasado y campeón dos años atrás. Marcelo Ríos fue finalista y viene de ganar en Doha, por lo que también habrá que contarlo para los momentos de definición. Por último, Lleyton Hewitt, otro jugador de base con una mente privilegiada que da miedo por su garra.

A esta altura, aún no he nombrado a Pete Sampras. Me he propuesto no tenerlo más en cuenta. Esto que a priori parece una falta de respeto hacia uno de los dos mejores jugadores de todos los tiempos no es tal. Sampras es mi jugador preferido de 30 años a esta parte, simplemente que luego de verlo en el Master, y sobre todo de escucharlo, me quedó la sensación de estar totalmente de vuelta. No técnica, sino mentalmente.

Para el tenis argentino no será un torneo más. A pesar de no haber tenido un comienzo auspicioso en los torneos previos, vamos a Australia a tener buenas respuestas. Estarán Franco Squillari, Gastón Gaudio, Mariano Zabaleta, Agustín Calleri, Juan Ignacio Chela y Guillermo Coria. Sólo falta Mariano Puerta, que fue operado de una tendinitis en su muñeca izquierda.

De todos, el que más pendiente nos tendrá es Guillermo Coria. El resto es conocido y sabemos cuáles son sus posibilidades. Coria, en cambio, dejó la secundaria (Challengers) y comienza la Universidad (Grand Slam).

¿Cómo adaptará su talento al alto nivel? ¿Cómo será su respuesta física, teniendo en cuenta que se juega al mejor de cinco sets? ¿Cuál será su actitud, la misma que en los Challengers? Todos interrogantes que comenzarán a dilucidarse a partir del Australian Open. La tranquilidad que da Guillermo Coria es que no dependerá exclusivamente del polvo de ladrillo, pues demostró en juniors que está para todas las superficies, como que ganó en Roland Garrós y llegó a la semifinal de Wimbledon.

Entre las damas, se viene un año bárbaro. Habrá un ataque de las Williams por sobre Martina Hingis, la actual número uno del mundo. Hay una enorme rivalidad entre ellas, que excede lo deportivo.

Del resto habrá que considerar a Lindsay Davenport, número dos del mundo, y a Amelie Mauresmo, que se siente muy cómoda en el «rebound ace». Otra jugadora que dependerá de su humor es Mary Pierce, pero que cuando está enfocada se transforma en un verdadero peligro para todas. Del resto no se ve nadie con posibilidades de pelear por el título.

¿Podrá Ana Kournikova finalmente ganar su primer torneo? La otra rusa, Elena Dementieva parece no tener el talento de «Anita», pero, en cambio, ha logrado una madurez que aún no tiene la más linda de todas.

Paola Suárez estará representando a nuestro tenis femenino. Los retiros de Florencia Labat e Inés Gorrochategui la dejaron sola. Hay que esperar a María Emilia Salerni, que es, sin lugar a dudas, el gran futuro del tenis argentino.

Calor, moscas, caras pintadas con las banderas de los distintos países. Un torneo bárbaro, con olor a tenis.

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