Boca: un premio al coraje

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Boca no ganó un partido más. Fue un triunfo clave que se recordará por mucho tiempo. El zapatazo de Hugo Ibarra cuando finalizaba el tiempo reglamentario fue un premio para un equipo que nunca renunció a atacar a pesar de tener dos hombres menos ante otro que no aprovechó esa ventaja y respetó demasiado al rival.

Boca ganó a base de garra y coraje un partido que se le había complicado mucho, en parte por algunos errores graves del árbitro Gabriel Favale y el resto por desidia, por dar por terminado un partido que ganaba por la mínima diferencia.

El primer tiempo se jugó con dominio alternado. Banfield planteó una lucha de igual a igual en la mitad de la cancha y se mostró dispuesto a cambiar ataque por ataque. En ese contexto Boca se puso en ventaja con mucha fortuna porque un remate cruzado de zurda de Palermo rebotó en Barraza y se le metió en el poste más cercano a Luchetti, que la esperaba en el otro.

Después del gol, Boca retrasó unos metros a los mediocampistas y se dedicó a jugar de contraataque con la velocidad endiablada de Rodrigo Palacio, que inquietaba a la defensa cada vez que recibía la pelota. Hubo un remate de Insúa en el travesaño y una tapada de Luchetti ante Palacio que pudieron definir el pleito.

No fue así, y a los 4 minutos del segundo tiempo hubo una jugada clave que cambió el destino del partido. Paletta cortó un avance de Boca y tiró un largo pelotazo buscando a Romero, que estaba en evidente posición adelantada; la terna arbitral habilitó la jugada y Romero, tras eludir a Abbondanzieri, mandó un centro, cabeceó Galeazzi y Daniel Díaz la sacó con la mano. Favale cobró penal y expulsión de Díaz, que reclamaba la posición adelantada y decía que no había impedido el gol porque la había sacado después que la pelota ingresara. Favale no atendió a los reclamos y Dátolo empató el partido. Banfield tuvo 15 minutos en los que pareció que podía definir el resultado a su favor; en ellos, Sand desperdició dos ocasiones propicias ante Abbondanzieri. Boca, con Morel Rodríguez por Bilos, se recompuso defensivamente y empezó a presionar en la mitad de la cancha. Banfield se refugió en su campo y ni siquiera salió cuando Boca se quedó con 9 por expulsión de Insúa, por simular un penal, cuando en realidad Barraza lo había empujado.

Boca siguió buscando el gol con mucho coraje y tuvo su premio cuando Ibarra amagó un centro y le pegó un violento derechazo que se incrustó en el ángulo del arco de Luchetti.

Banfield pudo empatar en la jugada siguiente, cuando Sand, solo frente a Abbondanzieri, hizo rebotar la pelota en el poste. Hubiera sido injusto porque Boca merecía ganar por el coraje de sus jugadores en la adversidad.

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