10 de abril 2011 - 10:13

Cabrera no pudo repetir su hazaña en Augusta

El heredero. Phil Mickelson, ganador de la edición 2010, entrega la mítica Chaqueta Verde al campeón de 2011.
El heredero. Phil Mickelson, ganador de la edición 2010, entrega la mítica Chaqueta Verde al campeón de 2011.
Lo que parecía ser una pelea en Augusta entre Europeos, que buscaban ganar tras doce años de abstinencia, y americanos, con Tiger Woods y Phil Mickelson a la cabeza, terminó siendo otra vez un triunfo para los denominados internacionales, quienes parecen ser los únicos capaces de entreverarse entre los Estadounidenses para arrebatarles la preciada chaqueta verde. Tal como sucediera con Vijay Singh, Trevor Immelman y Ángel Cabrera se suma ahora a la lista el sudafricano Charl Schwartzel, un jugador del montón dentro del Tour Europeo, que ha capturado seis títulos en el viejo continente pero que nunca tuvo actuaciones relevantes en los Grand Slam.

Schwartzel hizo 66 golpes en la ronda final para sumar 274 y cerrarle la puerta definitivamente a los australianos Jason Day (68) y Adam Scott (67) que terminaron segundos con 276 golpes. El norteamericano Tiger Woods (67), el inglés Luke Donald (69) y otro Australiano Geoff Ogilvy (67) compartieron el cuarto lugar con 278 golpes.

Ángel Cabrera no pudo repetir el excelente trabajo efectuado en la tercera ronda y con una vuelta final de 71, ocupó el séptimo lugar con 279 golpes. Como bien lo había expresado antes de la vuelta final, el no había venido a ganar pero las circunstancias lo pusieron ahí. Jugó un gran torneo en donde pudo recuperar la confianza diezmada que lo dejaron al borde de quedar afuera de los 100 primeros del ranking mundial.

Desde temprano muchos jugadores empezaron a atacar la cancha, entre ellos Tiger Woods, quien en ocho hoyos se había puesto cinco bajo par con un bogey. Pero el ex número uno del mundo, además de estar a siete golpes del puntero, tenía muchos jugadores por delante, con lo que resultaba casi imposible imaginar que pudiera ganar el torneo.

Schwartzel dejó a los australianos sin la posibilidad de ganar por primera vez el Masters. Day, Scott y Ogilvy ocuparon las cuatro primeras posiciones y estaban dispuestos a vengar las tantas derrotas que sufriera Greg Norman en este torneo, la última en 1996. Su triunfo, deja en claro la inconsistencia del golf internacional desde el paréntesis de la Era Tiger, con diez ganadores diferentes en los últimos 10 Grand Slam.

Este Masters dejó en claro muchos hechos y consideraciones importantes. Por un lado, que es cierto que se viene una nueva generación de veinteañeros que van camino a efectuar un recambio generacional, pero al que todavía le falta madurar un poco para concretar logros importantes. Dentro de este grupo, Augusta demostró que Rory McIlroy, independientemente de su debacle final, Jason Day y Peter Fowler, por citar los más importantes, encabezan la lista de nombres dispuestos a tomar la posta en un futuro no muy lejano

También quedó claro que Tiger Woods sigue siendo el mejor jugador del mundo, aunque los números digan lo contrario. Y que está listo para volver a ganar y recuperar el sitio perdido. Durante esta semana, muchos especularon con que ya no lograría alcanzar la marca de 18 Grand Slam que tiene Jack Nicklaus, pero después de este Masters, quedó claro que va camino a lograrlo, ya que su juego está íntegro y está tan solo a cuatro torneos de lograrlo

El Masters de Augusta sirvió además para demostrar que Ángel Cabrera está volviendo al nivel que había perdido después de su tendinitis en la muñeca izquierda que casi lo deja afuera de los 100 primeros del mundo. Entró al Masters como el número 97 y ahora va a escalar muchísimas posiciones. Su juego de Tee a green fue excelente y solo debe trabajar en su confianza, tal como sucedió acá, para atacar, ser más agresivo e intentar gana algún torneo del PGA Tour.

La inconsistencia de quienes ocupan los primeros lugares del ranking mundial también puede darnos una pauta de lo que sucederá durante el año. En Augusta, el uno del mundo falló el corte, Martín Kaymer, al igual que el número cuatro, Greame McDowell. Esto se debe a que nadie se anima a ocupar el lugar de Tiger, es decir, el del indiscutido número uno.

Charl Schwartzel festeja por estas horas una victoria impensada, esa misma que le fue esquiva a dos grandes jugadores de su país que estuvieron cerca de ganarlo, Ernie Els y Retief Goosen, y que tuvo como inspirador del proyecto al campeón Abierto Británico Louis Oosthuizen, un ignoto sudafricano del que Schwartzel se inspiró para pensar que ganar un Major no solo estaba reservado para consagrados jugadores.

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