Toda España sigue sorprendida por el desenlace del campeonato de segunda división que dictaminó el ascenso de Celta. El conjunto de Vigo necesitaba un empate ante Córdoba, que con un punto se clasificaba al reducido por el tercer ascenso.
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Y el resultado fue el lógico, cero a cero. Pero lo bochornoso fue la manera en que se efectuó dicha igualdad. En un análisis del juego a fondo, se contabilizaron más de 1500 pases en todo el partido y ningún disparo al arco. Mucho menos algún córner.
Tantos toques impidieron el roce de algún cuerpo a cuerpo. Por eso el árbitro cobró siete foules y no sacó ni una amarilla. Los arqueros, espectadores de lujo, sufrieron tres centros a nadie en todo el partido.
Por esto, la crítica de los medios, a dos días del vergonzoso encuentro, sigue castigando ese arreglo. "Cada vez que una jugada tenía la posibilidad de acabar en una de las áreas, un pase atrás o a un costado, sin rubor alguno, acababa con cualquier peligro de romper con esa igualdad pactada", denunció el diario El País.
"Sin emoción, como en una timba familiar en la que se apuestan garbanzos para que nadie pierda, Celta y Córdoba empataron a nada en un partido somnoliento que sirvió para que ambos consiguiesen su objetivo", agregó As. "Si hubo acuerdo o no para que el choque terminase en tablas sólo lo podrán decir los involucrados, pero la verdad es que el pacto de no agresión entre ambos quedó más que evidente", acotó Marca
"Era lo que había que hacer", sentenció el técnico visitante, Paco Jémez.