Cuando Alex puso la pelota en un ángulo (luego de una indecisión de Traverso), fue como si a Boca le hubiesen movido el piso. Tanto que Palmeiras, un equipo que hasta ahí se había mostrado como con alguna prestancia, por momentos mostrando una cierta solidez, comenzó a ser un serio rival.
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El empate en dos no fue ni siquiera generoso para los brasileños, pero difícil para Boca en Brasil.
Cuando Boca debió salir a buscar el partido, se encontró con sus propias deficiencias: Ibarra no hallaba espacio para explotar su lateral, Serna no acertaba en la marca y Riquelme (que lo mandaron al piso en las dos primeras pelotas que tocó) no encontraba la fórmula para acercarse a Barros Schelotto, que trataba de resolver por individualidad, y menos con Barijho, que, de espaldas, imponía bastante poco. Con decir que lo mejor fueron las llegadas de Villarreal, es bastante.
Boca recién respiró cuando Aquino le cobró un penal por foul de Alexandre a Barijho. Guillermo Barros Schelotto se encargó de mandar la pelota a la red desde los doce pazos.
Si al partido le falta un toque definitivo de atención fue cuando Fabio Junior puso la pelota por sobre la salida de Córdoba. Sin embargo, treinta segundos después, llegó una jugada «de otro partido»: gran acción de Riquelme que Barijho resolvió empujando para otra igualdad. Aunque siempre el arquero Marcos ponía las cosas en su lugar.
Sin embargo, Galeano siguió encimado a Riquelme; Felipe (reemplazado por Tadei) continuó marcando el camino ofensivo; y Fernando, procurando el enlace para buscar huecos en ataque. La diferencia de Boca se limitaba sólo a la actitud, que no alcanzaba, porque se adelantaba con desorden, pero, igualmente, estuvo cerca de alcanzar un resultado positivo. Aun pensando que Boca, dejando espacios para gente con oficio como los brasileños, podía ser un suicidio. Palmeiras se llevó un buen resultado, aunque de ninguna manera es definitivo.
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