«Nosotros somos los que decidimos con quién juega la Selección argentina y no ustedes, así que ese partido no lo jugamos», el tono de voz normalmente suave de José Pekerman se elevó hasta el grito cuando le dijeron que Noruega iba a reemplazar en marzo a Bélgica, en el amistoso que finalmente quedó anulado ya que esa selección prefirió jugar con Grecia.
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El diálogo fue en Ezeiza, donde el director técnico general de las selecciones nacionales no podía ocultar su fastidio porque la programación que habían establecido hasta el Mundial se modificaba y el hombre enviado por Julio Grondona que lo enfrentaba, un experimentado asesor, trataba de convencerlo no sólo de jugar con Noruega, sino de hacer un par de partidos más para paliar la crisis financiera que está sufriendo la AFA.
Los partidos programados por Argentina son hasta ahora el 20 de febrero ante Camerún y el 15 de abril contra Alemania, pero todavía no se firmó ninguno de los contratos, por lo que pueden sufrir la misma suerte que el de Bélgica.
Por eso en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se apuraron para arreglar con Noruega, porque pensaron que era un rival parecido a Suecia. Pero Pekerman se enojó y puso el grito en el cielo, porque él esperaba que primero le ofrezcan las selecciones al cuerpo técnico o que le pidan opinión y no que le traigan «todo cocinado».
Argentina recibe cerca de un millón de dólares por cada partido que juega entre derechos de televisión y cachet, de los cuales le quedan más de la mitad limpios, por eso el asesor de Grondona se fue gruñendo: «Hay algunos que no se dan cuenta de que negándose a jugar perjudican a todos los empleados de AFA».
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