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El equipo -que dirige Rubén Magnano-, si bien ganó con facilidad gran parte del partido (precisamente a partir del segundo cuarto), debió sufrir en el inicio y sobre el final del partido: comenzó perdiendo, le costó sobremanera encontrar la fórmula adecuada para frenar el juego rápido que trataban de imponer los locales.
Argentina -ya más aplomada y con andar sólido-no sólo equilibró el juego sino que comenzó a marcar diferencias, que en un momento llegaron a 15 puntos de ventaja, que en verdad mantuvo en más y en menos durante el tercero y más de la mitad de cuarto período. La diferencia siempre rondó entre los 9 y 12 tantos, pero dos pelotas perdidas provocaron envíos de tres puntos y Puerto se acercó en el marcador peligrosamente hasta ponerse a sólo tres unidades (83-80) de los argentinos. Obviamente, alentados sin retaceos por un público enfervorizado. Sin embargo, afloró la experiencia de Argentina, primero teniendo la pelota y forzando el foul como recurso extremo, sin dejar brechas para cualquier remate comprometedor. Dos tiros libres marcaron el final de la historia.
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