20 de agosto 2002 - 00:00

Independiente puso más que fervor y también es puntero

Si cualquiera le pregunta a un feliz hincha de Independiente o a un apesadumbrado simpatizante de Racing por el partido se encontrará seguramente con la misma respuesta: me importa poco como se jugó, lo importante es el resultado. Significa que en los clásicos no hay nada más importante que ganar; si se juega bien, mejor. En definitiva, es lo que queda en estos partidos que dejan más argumentos para la chanza semanal que lo que se ofrece en materia de fútbol.

Si hubiera que hacer una síntesis, podría decirse que con dominio alternado, donde costó bastante llegar al arco (a pesar del 4 a 1), hubo más confusión que ideas y que triunfó Independiente porque (aun con inter-mitencias) tuvo más peso individual en todas sus líneas y mayor claridad cuando se encontró con espacio para maniobrar.

Suficiente para marcar una diferencia contundente, llevarse el sabor dulce que siempre deja ganarle al rival histórico, alcanzar la punta (compartida ahora con Boca, River y Newell's) y revalidar argumentos sólidos como para no sólo ser protagonista en la pelea por el descenso, sino colocarse en el umbral de los más sólidos aspirantes al título.

Tal vez todo eso es lo que pasó por la cabeza de Gallego, que no se mostró muy proclive a arriesgar. Más bien optó por una política amarreta cuando Gabriel Milito debió dejar el campo de juego por una infracción, que era más para amarilla que para la roja. Esas mismas dudas parecieron también embargar a sus jugadores, que regalaron espacio en el medio, pelota y protagonismo, para quedarse en las posibilidades de un contraataque que -a decir verdad-al final le dio buenos resultados.

¿Quién no comparte la idea de «Ossie» Ardiles de tener un equipo ofensivo? Seguramente todos, pero habrá que pensar también que los equipos se arman «de atrás hacia adelante» y tener la pelota y pocas posibilidades de administrarla no condice con ese objetivo. Una situación que habitualmente se transforma por lo menos en riesgosa. Ayer, tal vez como pocas veces le pasó y fue detonante para que lo pagara a un alto costo. Racing no pudo imponer en el arco adversario la posibilidad que tuvo de tener un hombre más en 37 minutos, hasta que Baldassi también le mostró la roja a Estévez.

En el orden individual quedó reflejada la seguridad de Milito (el rojo) mientras estuvo en la cancha, el despliegue de Franco, la experiencia de Domínguez para darle salida al juego cuando todo era confusión, el aporte de Castagno Suárez, las idas y venidas de Guiñazú y las apariciones de Montenegro.

Haciendo lo mismo con Racing se podrá observar la diferencia, porque si bien tuvo la mala suerte de la lesión de Diego Milito, que mientras estuvo mostró que era el más apto para resolver, no contó con hombres de peso a la hora de desnivelar. Habrá que rescatar la presencia de Ubeda, que perdió cuando se quedaba encerrado entre dos adversarios, el manejo no siempre eficaz pero positivo de Peralta y alguna escapada de Romero. Lo demás fue todo fervor y lucha. Argumentos poco consistentes a la hora de ir a buscar la red.

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