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River apeló a su oficio. Mantuvo a Garcé, Ayala, Demichelis y Rojas; junto a un bloque donde se sumaban Astrada, Víctor Zapata y González. Una aparente posición defensiva que tenía espacio ofensivo, cuando encontraban las espaldas de los medios de Estudiantes y las piezas necesarias para utilizar el contraataque a manera de estiletazos.
En una imagen óptima, parecía que Estudiantes no era menos que River, pero bastó que un remate de Domínguez llegara a la red, para dar comienzo a la hecatombe platense. Fueron cinco goles y llegó el sexto por una desafortunada jugada, cuando la pelota pegó en las espaldas de Quatrocchi y ganó la red.
Era lógico suponer que, luego de la diferencia y una incomprensible actitud de la hinchada local, River iba a manejar el partido para que las cifras no lleguen a diferencias mayores. En realidad, el partido había terminado mucho antes.
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