La Selección sintió la falta de Messi y decepcionó ante Ecuador

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Decepción. En el arranque de las Eliminatorias Sudamericanas, Argentina cayó como local ante Ecuador por 2 a 0, dejando una pálida y preocupante imagen. Sin argumentos colectivos e individuales, los dirigidos por Gerardo Martino nunca le encontraron la vuelta a un duelo que se presentó más complicado de lo que indicaban los papeles, más por deficiencias del elenco nacional que de la visita.

Los goles ecuatorianos los marcaron Frickson Erazo y Felipe Caicedo sobre el final del partido, aunque por las claras deficiencias Argentinas para formar juego ofensivo y para crear un bloque conciso en defensa era algo que se olfateaba en el aire que estaba al caer. Desde el esquema el "Tata" nunca supo cómo suplir a Lionel Messi, quien es el as de espada de este equipo y del cual se ha vuelto dependiente, lo que preocupa teniendo en cuenta que es necesario encontrar alternativas por si al delantero de Barcelona le sucede algo, como la lesión que lo dejó afuera en esta ocasión.

El partido comenzó con un Monumental con muy poco clima, algo raro teniendo en cuenta que es el arranque de Eliminatorias y se trata del primer encuentro oficial en nuestra tierra luego de lograr el subcampeonato del mundo en Brasil y haber perdido por penales la final de la Copa América en Chile. A esto se suma la ausencia de Messi por lesión y la decisión de Martino de dejar a Carlos Tevez en el banco, lo que generó varios debates a lo largo de la semana.

La Selección arrancó a puro toque, priorizando dominar la pelota por sobre la verticalidad. Así, a tan sólo 44 segundos de haber sacado del medio, llegó la primera situación de gol en una jugada donde, tras varias triangulaciones, el balón arribó hasta los pies de Ángel Di María, que sacó un tibio disparo que pudo controlar sin problemas Alexander Domínguez.

La propuesta de Martino fue desde el arranque realizar una presión alta asfixiando a defensores y volantes ecuatorianos. Esto provocó más dolores de cabeza que otra cosa ya que si bien pudo ocasionar alguna que otra situación de peligro, sufrió muchas veces por quedar mal parado y descompensado. Sin embargo, cada vez que ambos equipos se acercaban al arco rival, la velocidad le ganaba a la técnica, lo que provocaba que las chances se desvanecieran antes de convertirse en un peligro real.

A los 17, Ángel Correa logró sacar a Argentina del letargo con un disparo cruzado de afuera del área que Domínguez tapó sobre su palo izquierdo, dando un rebote que quedó para Di María, quien se la tocó a Sergio Agüero para que defina solo entrando al área chica, pero otra vez los reflejos del Domínguez salvaron a Ecuador. La jugada no terminó allí, ya que Javier Pastore entraba por el segundo palo para mandar la pelota a dormir al fondo de la red, pero no llegó a empujarla.

Minutos después Martino se vio forzado a realizar el primer cambio del partido: Agüero recibió una patada sobre el sector izquierdo, lo que lo resintió de la molestia en su rodilla que lo tuvo entrenando diferenciado casi toda la semana y en duda hasta el día anterior al encuentro. A los 22 minutos, y ante la ovación de todo el estadio, ingresó Tevez, a quien se le presentó de manera temprana una gran posibilidad para demostrar que está para jugar desde el arranque.

Si bien Argentina estaba llena de buenas ideas e intenciones, las ejecuciones eran pobres. Además, la sinergia entre la defensa y el mediocampo era endeble, lo que agrandó a los ecuatorianos, que llegaron en reiteradas ocasiones hasta la línea final, en especial por la espalda de Facundo Roncaglia, que nunca pudo hacer pie y perdió constantemente el mano a mano con un enchufado Jefferson Montero, lo que terminaba desacomodando a sus compañeros.

El telón del primer tiempo se cerró con más dudas que certezas. En ataque, el único que intentó modificar la ecuación fue Correa, aunque estaba acompañado por pálidas versiones de Di María y Pastore. A este desconcierto ofensivo se le sumó que Tevez nunca logró entrar en juego y se lo vio perdido dentro de la cancha sin saber bien qué lugar ocupar dentro del esquema nacional.

El comienzo del segundo tiempo fue una continuidad del primero, con una Selección que no encontraba sociedades y un Ecuador que presionaba alto con posibilidades ciertas de pisar el área de Romero. De hecho, casi de arranque Roncaglia y Mas se ganaron la tarjeta amarilla, quedando condicionados para el resto del juego.

Errores defensivos generaron varias chances para Ecuador, que no pudo aprovechar por la ineficacia de Miler Bolaños, quien durante la primera etapa mandó dos centros atrás por sobre el travesaño y en el segundo estuvo a una velocidad diferente a la de sus compañeros, dilapidando situaciones.

Pasados los diez minutos Argentina empezó a generar gracias a algunos arranques de Lucas Biglia y a los intentos, desprolijos, de crear juego de Correa. Las pinceladas individuales comenzaron a repetirse y a los 20 llegaron dos claras situaciones: primero Javier Mascherano no logró conectar con fuerza un centro atrás de Pastore, quien se metió al área tras una serie de toques y luego del delantero del Atlético de Madrid, quien intentó tirarle un globito a Domínguez sin éxito.

Debido a la falta de peso ofensivo, Martino sacó a Pastore, que estuvo muy lejos del nivel que mostró en la última Copa América, y mandó a la cancha a Ezequiel Lavezzi, corriendo a Correa del carril derecho al medio, casi haciendo las funciones de un enganche, quedando Tevez como el único referente de área.

Lejos de lo esperado, las modificaciones no surgieron efecto y las desconexiones defensivas continuaban a la orden del día. Esto agrandó a los ecuatorianos que aprovecharon un ráfaga de desatenciones y facturaron por dos: a los 35 Erazo conectó un corner en el segundo palo para poner el 1-0 y tan sólo tres minutos después Felipe Caicedo capitalizó un centro atrás para estampar el 2 a 0, tras una contra muy bien aprovechada por la espalda de Mas, a quien agarraron mal parado en varias oportunidades en la segunda parte.

Los goles fueron un golpe de nocaut para el conjunto nacional, que no pudo salir del letargo hasta que sonó la campana, que fue acompañada por una lluvia de silbidos. El saldo del debut es negativo, sin juego asociado ni acciones individuales que puedan salvarte en un mal momento. Lo que arrancó con intenciones se quedó en eso y comenzó a desinflarse con el correr de los minutos.

La Messi-dependencia se sintió desde el primer minuto y preocupa la falta de alternativas si no está en cancha el astro rosarino. Esto es recién el comienzo del camino rumbo a Rusia, pero el trabajo para Martino será arduo, teniendo en cuenta que toda su estrategia no puede depender de un solo jugador, quedándose sin argumentos el día que no está presente.

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