La información dejó perplejo a todo el ambiente futbolístico: el arquero suplente de Independiente y del seleccionado juvenil, Lucas Molina, de 20 años, murió cuando descansaba en su casa del partido bonaerense de Berazategui, y todo indica que se trató de una muerte súbita, de acuerdo con un informe de una fuente judicial.
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«La muerte fue consecuencia de un paro cardíaco no traumático», reveló la autopsia a la que fue sometido ayer por la tarde el cuerpo del jugador. No obstante, en el informe pericial se aclaró que esa presunción es «ad referendum de peritajes químicos».
La fuente indicó que el resultado de estos estudios estará dentro de cuatro días. Allí se develará si, tal como se sospecha, la muerte del arquero fue consecuencia de un paro cardíaco no traumático, o, de lo contrario, si se trató de una muerte por envenenamiento.
En lo que sí coincidieron peritos y policías que vieron el cuerpo es en que el arquero no presenta signos de violencia, tanto en su cuerpo como en la casa donde lo hallaron muerto.
Molina era un chico que soñaba en grande, no les temía a las presiones del arco ni del profesionalismo y quería hacer historia debajo de los tres palos, algo que ya había insinuado como posible tanto en Independiente como en los seleccionados juveniles. Pero esas ilusiones quedaron truncas cuando imprevistamente su corazón dejó de funcionar.
Todo se inició a las 7 de ayer, cuando Molina descansaba junto a su novia en su casa de calle 116 número 462 de Berazategui. Según la fuente, «a esa hora, la chica se despertó sobresaltada y oyó cómo el deportista respiraba con dificultades, por lo que pidió ayuda». Desesperada, junto a otros familiares, llevaron al arquero al centro médico Sábato de Berazategui, donde ya llegó muerto.
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