La final de Copa Davis entre la Argentina y España, jugada en un escenario nuevo para el tenis como el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, ofreció imágenes contrastantes en cuanto a las presencias, y en un punto tuvo a la diva Mirtha Legrand y en otro a Tula y su bombo, en una escena signada por la dicotomía.
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La Legrand, la gran diva de los almuerzos en la televisión argentina, ingresó al palco vestida elegantemente de amarillo, con un sombrero al tono, y presenció la final junto a Fernando Marín, el titular de Legalité y ex gerenciador de Racing Club a través de Blanquiceleste, quizá sin entender demasiado de tenis, pero aplaudiendo cada buena acción de David Nalbandian o Juan Martín Del Potro.
El popular Tula, en tanto, quien se hizo famoso por acudir con su bombo a cada acto peronista durante décadas, se instaló en una de las tribunas y pretendió aportar lo suyo, aunque fue opacado por la fervorosa y ruidosa hinchada propia que trajo Nalbandian desde su Córdoba natal, y Del Potro desde la cercana Tandil.
El grupo de cordobeses, con tonada inconfundible, se hizo notar desde que llegó, con su apoyo incondicional al crédito de Unquillo y una bandera muy particular que rezaba: "Fernet, David y nada más", en alusión a la bebida alcohólica típica de la ciudad mediterránea.
"Vamos, vamos Argentina, vamos, vamos a ganar", o "a esos... les tenemos que ganar", fueron los cánticos preferidos del público, que también entonó el típico "el que no salta es un español".
Los españoles, unos 500 ubicados en la tribuna Uby Sacco, que recuerda al boxeador marplatense que fue campeón mundial en 1985, también aportaron su aliento con el grito "Viva España, Viva España".
El público argentino, más allá de algún desliz, se comportó de maravillas y estuvo muy civilizado, en un marco en el que prevaleció la unión, y así se pudo observar a hinchas con la camiseta de Boca alentando codo a codo con otro de River, o a uno de Newell's con uno de Central.
También Nalbandian recibió el apoyo de la comunidad Armenia, con una bandera que lució un hincha orgulloso en una de las plateas.
La acción comenzó con el partido de Nalbandian y se extendió con el de Del Potro, un jugador 'tribunero' al máximo, que recibió el apoyo masivo de la gente, que le reconoció su gesta en la semifinal ante Rusia.
El público apoyó a rabiar a Del Potro, cuya actuación ante los rusos fue clave para que hoy se juegue la final en Mar del Plata, aunque el tandilense estuvo disminuido físicamente, muy por debajo de su nivel, y no se iluminó como en septiembre pasado.
El público no dejó de alentar, aunque el fervor se fue apagando a medida que se encendía la 'zurda' endemoniada de Feliciano López, dueño exclusivo de la fotografía final que arrojó el estadio.
Desde la Legrand y el Tula, cada argentino que se hizo presente en el estadio marplatense alentó sin renuncios, pese al sabor amargo del 1-1 final del primer día, aunque con la ilusión latente, ya que la historia continuará mañana.
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