12 de octubre 2001 - 00:00

Nuevo método para cobrar

La amenaza de realizar una huelga o de renunciar a sus cargos se tornó -hoy en día-en moda original de presión en el fútbol argentino. A través de estas dos modalidades, tan antiguas como poco efectivas en otros ámbitos laborales, los jugadores y cuerpos técnicos logran (de alguna forma) que los directivos de los clubes cumplan con el pago de haberes, primas y premios que se comprometieron a abonar y que apenas logran hacerlo -en algunos casos-en forma desesperada a último momento para evitar la sanción de la quita de puntos.

Es cierto que el fútbol está inmerso dentro de la aguda crisis económico-financiera que no es ajena a la que atraviesa el país, pero tampoco es menos cierto que las promesas y los acuerdos individuales que los dirigentes hicieron con técnicos y jugadores y que estos aceptaron en su momento, estuvieron siempre más cerca de la ficción que de la realidad. Los problemas en el fútbol no datan de la semana pasada, sino que se remontan a algunos años atrás. Entonces, dentro de esta realidad (que no es reciente), ¿cómo se entiende que el presidente de San Lorenzo le haya prometido abonar 2 millones de pesos a sus jugadores por el último campeonato logrado?

Supongamos que Fernando Miele se haya equivocado (humano es), pero este error no es capitalizado por otros colegas suyos pues -por ejemplo-en Racing ya se está hablando de un premio de 1 millón de dólares para el plantel en caso de quebrar los 35 años de abstinencia en títulos locales.

El fútbol argentino está sumido en promesas utópicas y contratos surrealistas, que chocan -finalmente-con las flacas y pálidas arcas de los clubes argentinos. Cuando llega el momento del cobro, la plata no aparece. No se puede cumplir con lo firmado ni con las promesas. Por tanto, los jugadores -respaldados por el gremio-y los técnicos comienzan a presionar y los directivos se tienen que poner el buzo antiflama -al mejor estilo de Michael Schumacher-para salir corriendo a buscar el dinero para cancelar las deudas contraídas.

El plantel de San Lorenzo amenazó con no entrenar, su técnico (el chileno Manuel Pellegrini) había dicho que se iba del club si no cobraban y finalmente lograron su cometido. Esta presión también fue útil para que ayer pudieran cobrar un importe equivalente a un mes de sueldo -de los cinco que les adeudan-los ayudantes de Pellegrini: el técnico alterno Rubén Cousillas, el preparador físico chileno Darío Sepúlveda, el técnico de la reserva Walter Perazzo, el entrenador de arqueros Agustín Irusta, el médico Miguel Angel Crespo y los kinesiólogos Jorge Macagneo y Jorge Fosattti.

Sergio Batista también elevó su voz y se marcharía hoy de Argentinos Juniors si no le pagan dos de los tres meses de sueldo que le deben. Ariel Ortega faltó el miércoles a la práctica de River intimando a sus dirigentes a que confeccionen un plan de pago para el cobro de los 880 mil dólares que le deben de prima. Ayer hubo una reunión entre su representante, Juan Luis Berros y los directivos y el problema quedó solucionado. Andrés Silvera se fue de Independiente la semana pasada indignado luego de que resultara rechazado un cheque de 50 mil dólares que le habían dado los dirigentes de Independiente como devolución del dinero que había puesto el delantero para que se pueda concretar su pase de Unión a la entidad de Avellaneda. También ayer, se encontró una solución y el jugador volvió a los entrenamientos.

Carlos Griguol y Enzo Trossero presionan públicamente a los directivos de Gimnasia e Independiente con el fin de conseguir lo que les prometieron y no les cumplieron.

Son todos casos similares que se viven cotidianamente en el presente de un fútbol argentino -de arcas vacías y fondo negro-aunque con presión, suele tornarse en color verde dolar.

Dejá tu comentario

Te puede interesar