La fiesta no pudo ser completa. El empate ante Universitario «supo a poco» y, aunque no compromete demasiado la clasificación el numeroso público se quedó con las ganas de festejar un triunfo como broche final, de la conmemoración del centenario.
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Racing hizo todo lo bueno y todo lo malo del partido.
Manejó la pelota casi con exclusividad. Creó las mejores situaciones de gol a partir de la inteligencia del chileno Mirósevic para poner pases gol, pero por otro lado desperdició oportunidades de gol una tras otra. Estévez se hizo expulsar en forma ingenua complicando sobre manera a todo el equipo y en defensa tuvo distracciones que le quitaron seguridad.
Universitario tuvo como gran virtud la de ser ordenado. Partió de la premisa de sentirse inferior al rival y por eso se aferró al empate con mucha convicción sin arriesgar nunca (ni siquiera cuando tenía un hombre más) en procura del triunfo.
Rueda se perdió no menos de cuatro oportunidades claras y los jueces de línea chilenos le anularon un par más cobrando posiciones adelantadas inexistentes y el arquero peruano Pablo Pérez tapó tres pelotazos con destino de gol. Por eso la gente de Racing explicará por el lado de la falta de fortuna este empate, aunque mucha culpa tuvieron sus delanteros.
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