15 de mayo 2006 - 00:00

River era más hasta la suspensión

El final fue lamentable. Otra vez los violentos ganaron la partida. Por suerte no hubo que lamentar víctimas, porque el árbitro Gabriel Favale suspendió el partido cuando desde la tribuna de Quilmes se arrojaban cascotes de gran tamaño por parte de inadaptados sin puntería, ante la pasividad de la Policía que miraba desde adentro del campo sin intervenir.

En los 67 minutos que hubo de fútbol se jugó un partido muy dinámico con River en un gran nivel de la mano de Marcelo Gallardo.

Quilmes salió a defenderse en su cancha. Armó una línea de cinco y delante de ellos tres mediocampistascon más obligacionesde marca, que de juego. Se puso en ventaja gracias a un penal de Federico Domínguez a Caneo y retrasó demasiado sus líneas exponiéndose al dominio del rival.

River aprovechó el planteo del rival para arrinconarlo en su área. Lo empatócon un gol de Marcelo Gallardo (el más chico) de cabeza ante un descuido de Desábato y después el propio Gallardo desniveló con un remate de 30 metros que se desvió en Pena descolocando a Ramírez.

Quilmes no supo reaccionar a tiempo y Danilo Gerlo aumentó el marcador cinco minutos después.

En el segundo tiempo, Osvaldo Sosa cambió el esquema táctico haciendo entrar a Turdó por Capria y salió a buscar el descuento. River retrasó unos metros sus líneas y salió de contraataque teniendo las mejores situaciones de gol como para aumentar el marcador hasta que el partido se interrumpió abruptamente debido a que la tribuna de Quilmes decidió que ya no deseaba que se jugara y empezaron a tirar toda clase de objetos al campo. Favale paró el partido y pidió garantías, pero como cada vez las piedras eran más grandes y la Policía no intervenía, decidió suspender el partido.

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