A veces, la actitud y la necesidad se confunden, como en este caso. River tenía necesidad de ganar -algo que le permitiría clasificar-, y lo logró. Consiguió el triunfo luego de mucho sufrir con un impecable tiro libre de D'Alessandro y sobre la hora con un penal que ejecutó Cavenaghi.
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No había otra forma de lograr el objetivo que por el único camino que maneja a la perfección: hacerse de la pelota y escalar con gente apta (que la tiene) para golpear en el área adversaria. Aun a riesgo de padecer algunos contraataques (y sofocones) peligrosos, como el de esa pelota que debió sacar Cavenaghi sobre la línea.
Sin embargo, suponer que Struway y Soto podían mane-jar los hilos del partido era tal vez fantasioso. Más si se piensa que en River Claudio Husaín, Coudet, Luis González y D'Alessandro tienen mejores aptitudes. Los paraguayos -si se quiere, conocedores de estas realidades-comenzaron a intentar con pelotazos aéreos.
Sin a River le costó prosperar, fue porque pocas veces encontró una fórmula apta para sorprender a una defensa cerrada. De todas maneras, a River le faltaba atrevimiento.
En la medida en que las cosas no salían, River comenzó a desprender defensores hacia el ataque: fueron una vez Lequi, otra Demichelis, más tarde Garcé, pero le faltó la cuota indispensable de orden (y serenidad) para hacer que ese «tener la pelota» se sienta en el área de Libertad. River estuvo cerca, nada más. En cambio Libertad, con sólo esperar, manejar la pelota (haciéndola pasar por Derlis Soto), mostraba que estaba vivo y podía también desnivelar. Sin embargo, River siguió haciendo lo mejor, hasta que D'Alessandro logró desnivelar y Cavenaghi (a través de un tiro penal) le puso cifras a un mejor andar, donde se desperdiciaron varias situaciones favorables y luego el arquero Villar --final-mente-se erigió en figura.
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