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17 de marzo 2002 - 00:00

River no pudo con Banfield

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Después de la gran alegría vivida hace una semana en La Bombonera, el equipo de Ramón Díaz experimentó un trago de amargo sabor con un empate que le permitió a Gimnasia y Esgrima de La Plata, único escolta, acortar a tres su distancia.

River, que terminó el partido en inferioridad numérica por la expulsión de Cristian Ledesma a los 38 minutos del segundo tiempo, comanda el certamen con 17 puntos.
Banfield, que desde que regresó a primera siempre fue un duro escollo para los equipos grandes, sumó un punto de oro pero para el otro campeonato, el del descenso.

El conjunto sureño, sin complejos, llegó al Monumental para hacer su negocio, no tuvo demasiada ambición, priorizó el aspecto defensivo pero paradójicamente estuvo más cerca de la victoria.

Es que este River actual, que potencialmente es el mejor equipo argentino, a menudo confunde agresividad con superpoblación ofensiva y tiene falta de imaginación para vulnerar a los rivales que le proponen un juego cerrado y de fricción.

Esas características quedaron manifiestas desde temprano y generaron un nerviosismo progresivo en el conjunto local, que entorpeció la búsqueda del triunfo.

River dominó la pelota -especialmente en el primer tiempo-, estuvo correcto en la recuperación, desprendió criteriosamente a sus volantes, pero falló en los últimos metros, donde Banfield ofreció una gran resistencia capitaneada por Adrián González.

La pegajosa marcación que la visita dispuso sobre los creadores obligó a que el juego ofensivo de River se concentrara por el medio.

Por ello, las principales acciones de riesgo del primer período fueron con remates de media distancia o pelota parada, todas bien conjuradas por un seguro Lucchetti.

Banfield, con un muy buen trabajo de Leiva y Del Río en la contención, estuvo atento para no ofrecer ventajas y con el correr de los minutos advirtió que su rival entregaba ciertas facilidades para llegar Comizzo.

Entonces, no sorprendió que en la segunda etapa las situaciones más peligrosas lo tuvieran como protagonistas.

A partir del ingreso de Bilos, el conjunto de Luis Garisto tuvo mayor profundidad y elaboró dos chances para ganarlo que fueron desperdiciadas por Del Río, quizás por su falta de oficio como definidor.

Mientras crecía la sensación de poder perderlo, River era un manojo de nervios y se lanzaba con mucho ímpetu pero sin claridad sobre el arco de Lucchetti.

Con Ortega en una mala tarde, D'Alessandro molesto por su marcación, Cambiasso perdido y la ausencia de Coudet, el equipo del riojano no tuvo respuestas.

El misionero Rojas, fortalecido anímicamente por el gol que le convirtió a Boca, se calzó el traje de caudillo por momentos, pero eso no era lo que el líder necesitaba.

Y para peor, después de la correcta expulsión de Ledesma, el equipo quedó totalmente desequilibrado y tuvo que resignarse a un empate que transmitió la misma imagen exhibida ante Nueva Chicago y Talleres de Córdoba, éste por Copa Libertadores.

Los problemas futbolísticos de River, pese a su abundancia de jerarquía, contradicen a quienes afirman que el devaluado torneo Clausura ya está definido.

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