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21 de octubre 2002 - 00:00

River perdió mucho más que un partido

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Las ausencias de Garcé y Rojas se notaron muchísimo porque sus reemplazantes Gabriel Pereyra y Lequi tuvieron una actuación pobre, por hablar de un calificativo suave. Por las puntas y con la habilidad de Cer-vera y Walter Jiménez, Banfield encontró la llave para entrarle (por momentos con displicencia) a la defensa de River y aprovechar la lentitud del paraguayo Celso Ayala, situaciones que ayudaron a que Roberto Colautti quedara mano a mano con Comizzo, cuantas veces se lo propusiera.

Los cambios masivos hechos en el entretiempo por Manuel Pellegrini no solucionaron los problemas. En realidad los agravaron, simplemente porque River pasó a defender con tres jugadores y si con cuatro daba ventajas, con tres era una invitación al ataque, por donde el que encaraba pasaba. Si bien River cometió «todos los errores», también habrá que hablar de Banfield. Que tuvo en Walter Jiménez un «titiritero» que movió todos los hilos de su equipo y en Moreno y Fabianesi o Cer-vera a dos incansables trajinadores que aparecían por todos los sectores de la cancha.

Colautti revalidó su fama de goleador (es el que más goles marcó en las divisiones menores de Boca) marcando sus dos primeros tantos en primera. La defensa estuvo segura y el arquero casi no tuvo trabajo. Para ellos fue el partido soñado, en cambio para River fue una pesadilla. Una pesadilla que lo puede dejar afuera de la lucha por el campeonato...
Otra vez ganó la sinrazón

Nada puede justificarse, como pretendía hacerloAngel David Comizzo, luego de que el árbitro Claudio Martín decidiera suspender el partido, culpándolo, junto a la Policía, cuando se jugaban 21 minutos de la segunda parte y ya el partido estaba definido desde los 8 de esa misma etapa, cuando Colautti marcara el quinto gol.

El clima llegó a su punto de ebullición cuando un hincha, bien identificado por las cámaras, procedió pacientemente a lograr hacer un hueco en el alambrado. Un trabajo nada fácil, que lleva su tiempo si es que no tiene una herramienta especial para llevar a cabo la obra. Sin embargo, lo sorprendente fue que primero llamó a Demichelis y luego a Comizzo, para pedirles que le entreguen su camiseta en pleno juego.

El árbitro vio el hueco, la posibilidad de que los hinchas ingresaran al campo de juego y pidió la intervención policial. Los policías se dirigieron al lugar (por dentro y fuera del campo) y se presuponía que todo iba a terminar en batahola y gases lacrimógenos. Lamentable, tanto como la actitud de los jugadores, que cuando el partido había sido suspendido, se dirigieron «a los muchachos» y les entregaron sus camisetas.

Lo que nadie sabe, cuál era el objetivo...

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